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domingo, 18 de marzo de 2012

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA RELACIÓN DE PAREJA CONFLICTIVA

imagen: lokozen
La falta de afecto, el maltrato o el abandono son algunas de las experiencias tempranas que pueden influir de forma negativa en el grado de calidad y éxito de una pareja.

 
Cualquier relación de pareja, sea en la forma que sea, es en esencia un constructo social.

Las expectativas, la forma y la manera que adoptan sus partícipes, van a estar siempre modeladas por factores sociales, culturales y religiosos, así como de la estructuración psicológica de las dos partes implicadas. Cada persona aporta a la relación de pareja unos deseos determinados, unas expectativas, fantasías, conflictos y comportamientos particulares. Muchos de estos aspectos pueden ser conscientes o moldeables tanto por los miembros de la pareja, como por el terapeuta cuando sea necesaria alguna forma de intervención. Cada miembro de la pareja tiene la capacidad de mejorar su habilidad de escucha, respeto y atención a las necesidades del otro. Sin embargo, muchos de los conflictos generados en la pareja emergen desde el ámbito del inconsciente, encontrándose la conducta bastante determinada por aspectos conscientes y otros muchos inconscientes.
Son precisamente estas motivaciones inconscientes las que se deben trabajar, reconocer y entender para ayudar a la pareja a encontrar su propio equilibrio.

Psicoanalista y pionero en las investigaciones de la Teoría del Apego, Bowlby, entiende que desde la infancia, el niño en desarrollo construye un “modelo de trabajo” acerca de lo que son las relaciones y de cómo funcionan. Este modelo de trabajo del niño se corresponde con las primeras experiencias que éste tiene de los padres, los hermanos y otros cuidadores, y con la forma en que todos ellos hayan satisfecho o desatendido las necesidades y los deseos del niño.

Cuando el inconsciente guarda y retiene experiencias negativas de la infancia como pueden ser el abandono, el maltrato o la falta de afecto, es posible que las dificultades en la relación de pareja comiencen a ser evidentes tarde o temprano.

Un ejemplo que pueda ilustrar la situación podría ser el hecho de que, en algunos casos, las personas no sólo luchan por conseguir la atención sexual amorosa y afectiva actual, sino que inconscientemente también se pretende conseguir que la pareja ofrezca el cariño que un distante progenitor no ofreció, aflorando una ansiedad cuyo origen se sitúa en el miedo que ese niño pudo tener al abandono.

Esto no quiere decir que todo nuestro presente este determinado por el pasado. También deben tenerse en cuenta las realidades en la relación actual, aunque un aspecto claro es que la intensidad de los sentimientos será siempre muy superior si es ese hecho del pasado, el que alimenta la práctica actual de la relación. De ahí que personas capaces de racionalizar y mostrarse tranquilas en otras situaciones, reaccionen y respondan de forma repetitiva y emocionalmente exageradas en sus relaciones más estrechas.

A pesar de no ser muy conscientes de ello, una relación de pareja permite también la oportunidad de empezar a ocuparse de conflictos no resueltos durante nuestra infancia o experiencias tempranas. En general, tendemos a repetir la dinámica de las primeras relaciones de una forma inconsciente. A pesar de albergar una experiencia temprana dañada, la situación presente permite ponerse en contacto con la situación vivida y encontrar la mejor forma de abordarla, o por el contrario, los viejos esquemas y los viejos “modelos de trabajo” en la relación, estarán constantemente influyendo negativamente en las nuevas relaciones.

El terapeuta de pareja o la propia pareja en sí, deberán comprender y trabajar con esas ansiedades, esos conflictos internos y esas expectativas que subyacen en los ciclos repetitivos de conflicto para tratar con eficacia las dificultades que se generan.

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