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sábado, 23 de abril de 2016

EMOCIONES COMPLICADAS. La Rabia.

Reconocer la rabia es fácil. 
Reconocer lo que está debajo, no tanto 
"El proceso terapéutico es esencial.
Sanar heridas nunca fue tan liberador".

Imagen: Girl before a mirror. Picasso

Muchos de los conflictos cotidianos son consecuencia de un mal manejo de la rabia, de ahí que sea esencial mejorar los conocimientos sobre la gestión y expresión de esta emoción.

Analizar y resolver problemas pasa  por la toma de conciencia de lo que sucede en las propias relaciones, ya sean íntimas, profesionales o sociales. ¿Cuántas veces te has visto inmerso/a en un intercambio de gritos e insultos simplemente porque otro conductor ha hecho "algo" que no te ha parecido?¿Se ajusta esa reacción al suceso real?. ¿Son los gritos a tu pareja, padres, hermanos o amigos reflejo de algo justo, o más bien un reflejo de una insatisfacción o problemática interna?

En estos casos hablamos de una rabia no genuina, un encubrimiento de los verdaderos sentimientos que permanecen bajo ella. 
De alguna manera, existen personas que hacen de su rabia toda una identidad, "es mi carácter", "soy así" etc. En el fondo se aferran a la rabia como una forma de sobrevivir. 
Probablemente las experiencias tempranas de la infancia o adolescencia tendieron en su día a dificultades en la satisfacción de necesidades relacionales básicas. 

Descubrir el intenso nivel de rabia.

La rabia proporciona un falso sentido de poder. Algunas personas, cargadas de rabia, aparentan sentirse llenas de poder y de fuerza. Su manera de imponerse es a través de la misma. A lo largo de la vida siguen utilizándola, pues ven que de esta manera consiguen objetivos, ya sea mostrándose déspotas, faltando al respeto o intimidando a personas que al poseer una mayor madurez, no entran en el juego de responder con el mismo nivel de rabia. Para la persona esto puede ser un logro, pues alejan o creen controlar a todas aquellas personas que no se adaptan a sus necesidades. Por lo general, estas personas acuden a terapia por obligación, o en su defecto, por una primera toma de conciencia de su propio malestar, muchas veces causado por sus constantes discusiones, conflictos y rifirrafes. 

Para el terapeuta, cobra sentido desarrollar la habilidad de guiar al cliente/paciente hacia una consciencia de sí mismo. El paciente puede tener consciencia de su estado crónico de enfado, pero descubrir la auténtica procedencia de esa emoción marca la diferencia y permite un cambio auténtico y natural.

Cuando los niveles de rabia son tan profundos, la búsqueda de otra emoción es clave. Aquí es dónde encontramos el "dolor". El sentimiento de dolor es una base importante que sustenta el mantenimiento de la rabia. Llegar a la profundidad de tales sentimientos permite la toma de consciencia en cuanto a la existencia de un antiguo dolor que todavía sigue influyendo en la vida actual.

Reconocer ese dolor ya es en sí liberador.

Reconocerlo y vivirlo de nuevo. Esa expresión e integración ayudan a alcanzar la propia comprensión. La persona puede entonces otorgarle un nuevo sentido a ese dolor y a aquel "suceso" que lo provocó.

"Darse cuenta" de las discusiones 

Las decisiones tomadas en los estadios de rabia inicial, suelen mantenerse vivas a no ser que esa emoción sea tratada directamente. Después de la toma de conciencia y del trabajo personal, llega el momento y la posibilidad de resolver y decidir nuevas maneras de relación con uno mismo y con los demás.

El proceso terapéutico es esencial. No es fácil, pero merece la pena. Voluntad y actitud, sanar heridas nunca fue tan liberador. 

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