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sábado, 20 de agosto de 2016

TERAPIA Y DUELO. Una breve reflexión: "¿qué es la muerte para el terapeuta?"


"Aprender a dejar de mirar con los ojos...
para volver a mirar con el corazón"
El psicoterapeuta debe ser conocedor del duelo, de sus fases, sus emociones… no sólo de una forma teórica, sino práctica. Algo vivido en sus propias carnes. 

El terapeuta habrá caminado por la senda de la pérdida en muchas otras ocasiones, habrá sufrido y acogido sus emociones, para luego saber decir adiós en paz y libertad. A partir de aquí, podrá ayudar al resto a enfrentar las pérdidas de la vida. El psicoterapeuta ha de ser conocedor de toda esta realidad y es bueno que su posición vital incorpore una consciencia del movimiento de la vida, así como de la relación entre la vida y la muerte, siendo esta última algo absolutamente natural y certera, aunque tema bastante tabú y evitado en nuestra sociedad actual.

Con independencia de que el duelo se realice ante cualquier tipo de pérdida, podemos entender  que el mayor grado de duelo podría hacerse ante la muerte de una persona muy amada.  ¿Qué es la muerte para el terapeuta? ¿Algo horrible de lo cual mejor no pensar, o una parte esencial de nuestra propia vida? ¿Un final trágico o algo que puede ofrecer SENTIDO a nuestra existencia?.

La posición del terapeuta ante esto es algo que influirá enormemente en el paciente, captando éste los posibles miedos, o la seguridad en algo a lo que todos, tarde o temprano llegaremos.

Búsqueda de respuestas.


Una de las fases del duelo incluye la racionalización: “¿Por qué se ha ido?”, ¿cómo ha podido morir tan joven?”… Detrás de cada despedida quedan muchas preguntas sin resolver, muchas preguntas de las que queremos y necesitamos respuestas. También muchas emociones simultaneas a las que prestar atención y dejar emerger como parte esencial del proceso.

El terapeuta sabe que en sus aportaciones puede ofrecer una carga de paz al paciente o por el contrario, dejarle lleno de dudas frente a algo que en ocasiones, no tiene explicación. De ahí la importancia de la empatía, de la escucha activa y de tener en cuenta las propias creencias de cada paciente, para actuar  así de la mejor forma  posible. 

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