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sábado, 19 de agosto de 2017

ASUNTOS INCONCLUSOS. Lo que reprimimos tiende a salir a flote

Imagen: pintura abstracta, Creese. 
 La intervención pasa por
verbalizar la experiencia interna.
 
Lagrimas no brotadas, gargantas bloqueadas para no gritar, pelvis que no han podido desplazarse...Existen miles de situaciones en las que el ciclo de la experiencia desvía la conducta y anula funciones de una parte del cuerpo.

Los asuntos inconclusos producen "indigestiones" en el organismo. Por lo general, estas situaciones inconclusas incluyen situaciones pasadas o conflictos internos no resueltos.
El amor no expresado, la culpabilidad no resuelta, el resentimiento, la rabia o acciones del pasado no aceptadas, son algunas manifestaciones que ofrecen información sobre alguna ausencia de cierre ante una situación o hecho específico.

Un proceso de equilibrio.

Los sentimientos no expresados a personas significativas pueden implicar asuntos inconclusos a menudo relacionados con situaciones de intimidad y control. Pueden tener que ver con situaciones traumáticas del pasado provocadas por una persona importante para nosotros (Greenberg et al, 1993).

Estas situaciones traumáticas no tienen porqué estar relacionadas con hechos violentos o llamativos. Pueden ser simples experiencias en las que el niño/persona vivencia una ausencia, temor, abandono o cualquier episodio que genere posteriores introyectos, creencias erróneas o emociones bloqueadas.

El hecho es que las respuestas emocionales suelen aparecer o interferir en nuestro funcionamiento bastante después de que el acontecimiento se haya dado. Es más, muchas veces sucede que la tensión que mantiene el "síntoma" de aquello que esconde un "asunto inconcluso", esté encubierto o protegido por resistencias que impiden el "darse cuenta" de lo que está sucediendo.

Por lo general, la tensión encuentra su expresión a través del cuerpo, generando, además de un amplio abanico de emociones no adaptativas, trastornos físicos psicosomáticos que acaban permaneciendo a lo largo del tiempo y cuya solución no acaba por encontrarse.

El Ciclo de la Experiencia.




Cuando interrumpimos nuestro propio Ciclo de la Experiencia, se acumula en el organismo la tensión que produce lo que dentro de la perspectiva gestaltica se conoce como "Gestalt incompleta".

Lagrimas no brotadas, gargantas bloqueadas para no gritar, pelvis que no han podido desplazarse...
Existen miles de situaciones en las que el ciclo de la experiencia ha desviado la conducta y anulado funciones de una parte del cuerpo.

La modalidad expresiva en un contexto terapéutico se basa en permitir la expresión de la conducta retomando la parte corporal "ausente". La intervención pasa por verbalizar la experiencia interna.
La evocación de recuerdos de muchas experiencias saldrán a la superficie, habiendo de explorar estos recuerdos vitales hasta llegar a las experiencias primarias de la emoción y de la necesidad incompleta causante.

Acceder al daño profundo permite expresar la emoción bloqueada, tomar conciencia de la realidad, integrar lo sucedido y re-estructurar la percepción. Estos cambios a nivel profundo van a implicar modificaciones posteriores en el afrontamiento de la realidad diaria, una mejora en las relaciones vinculares y un mayor bienestar a nivel físico y mental.

Sin duda, siempre merecerá la pena trabajar en uno mismo y comprobarlo.

martes, 23 de mayo de 2017

Dificultades emocionales y consumo de alcohol desde una visión Humanista Integrativa



Cuando la persona se da cuenta que gran parte del conflicto está dentro de uno mismo, entonces puede comenzar acciones más productivas y hacerse responsable de sus propias dificultades.
"Alcanzar un nivel emocional profundo,
contactar y enfrentar"
Imagen: Ruth Palmer



Mucha de la información recopilada sitúa al alcoholismo como una entidad con síntomas característicos y un origen complejo y multifactorial. Según los datos epidemiológicos, el alcohol es la droga más utilizada en la población, disfrutando a la vez de una gran aceptación social.

Las teorías del aprendizaje o teorías conductistas, comprenden el alcoholismo como un proceso de adquisición de un hábito de consumo.
La conducta de beber, se explicaría por tanto como el resultado de obtener una recompensa o estado afectivo positivo, provocado por el alcohol, o un estado negativo a causa de la ausencia del mismoToda esta información es muy útil, sin embargo, puede resultar incompleta ya que no tiene en cuenta aspectos psíquicos y sociales inherentes a cualquier patología.

Existen intervenciones de tipo social que sitúan el alcoholismo como una enfermedad crónica e incurable, de ahí la común expresión y creencia bastante extendida de “una persona alcohólica, siempre será alcohólica”. Si bien, en este caso, la persona en rehabilitación se esforzará constantemente en no caer de nuevo en el consumo, experimentando una lucha infinita en su día a día y con la resignación y aceptación de que eso, no podrá ser modificado.

Por otro lado, corrientes más psicoanalíticas, consideran el alcoholismo como un síntoma o reflejo de una neurosis más profunda relacionada con dificultades emocionales y generalmente ligadas a problemas del ámbito familiar o social. Para la persona, estas dificultades hallarían una salida a través de la evasión provocada por el consumo de alcohol.

Esta perspectiva de síntoma, más que de enfermedad, permite a la psicoterapia tratar el alcoholismo a un nivel más profundo y personal, permitiendo un cambio o resolución permanente, en la medida que el conflicto interno quede resuelto. Además, estudios y seguimientos rigurosos en pacientes con adicción, demuestran que la ausencia de recaídas, como la desaparición de la compulsión de consumo, es real.

Según el Análisis transaccional, el inicio del alcoholismo y su mantenimiento, se da debido a problemas de comunicación. Beber implicaría un juego psicológico que serviría de refuerzo positivo para la persona, implicando a su familia y a su entorno. El alcoholismo sería una forma de interacción, y sus consecuencias, una excusa para su comportamiento. Por ejemplo, “lo hice porque estaba borracho”, o mensajes con doble sentido, “No bebas” (pero se dejan bebidas en la nevera). Analizar el tipo de relación, así como las transacciones existentes, permitiría un análisis más profundo de la situación del paciente, y la adquisición de nuevas pautas de interacción facilitaría el desarrollo de la recuperación.

Prestar atención a todos los niveles de la persona

Es importante que el terapeuta o los profesionales encargados de acompañar a una persona con alcoholismo en su recuperación, conozcan y reconozcan la importancia de trabajar de una forma integral.

El esquema de los 5 niveles de intervención en Psicoterapia Humanista Integrativa de J.Zurita, permite en estos casos, una visión muy completa de la situación del paciente, así como un esquema de trabajo clarificador a la hora de emprender el tratamiento.

Las intervenciones de tipo conductual y social, muy comunes en el tratamiento de las personas con alcoholismo son muy útiles, necesarias e imprescindibles. Si bien, trabajar únicamente a estos dos niveles, podría implicar una falta de profundidad que dejaría al paciente en un estado de aparente recuperación, pero con el riesgo constante de padecer una recaída al no tratarse los aspectos más profundos de uno mismo.

Es esencial, para que nuestros pacientes resuelvan sus conflictos, permitir y acompañarles a un nivel emocional profundo, contactando, enfrentando y expresando las emociones que pudiesen estar bloqueando la solución del problema.

A través del esquema de los 5 niveles, trabajamos lo siguiente:

A un nivel social, la Conducta y el Pensamiento Social. Ambos íntimamente ligados, pues el procedimiento del proceso cognitivo a nivel social, implica la acción de la conducta. Aquí encontraríamos el consumo de alcohol, así como otras conductas evitativas, y toda la serie de actividades autodestructivas propias de la persona con alcoholismo (mentiras, relaciones conflictivas, irresponsabilidades, gasto de dinero elevado…)

En el Nivel del Pensamiento Social, observamos la justificación de “por qué bebe”.
Recopilando las frases o argumentos de mis pacientes en proceso de rehabilitación por consumo de alcohol, podría destacar las siguientes:

 - “No se estar conmigo mismo”, “necesito algo que me eleve el estado de ánimo”, “todo el mundo bebe”, “la vida es muy dura”, “una copa me permite afrontar mejor el día”…

El Pensamiento profundo corresponde a una profundización del proceso cognitivo. En este punto, podemos identificar muchos elementos que conforman la psicopatología de los pacientes, como los mandatos, impulsores, prejuicios, programas de guión, fantasías, etc.

En el caso de los mandatos (mensajes limitantes, inconscientes y no verbales, provenientes de las figuras parentales), me gustaría compartir los más identificados en los pacientes del grupo de rehabilitación, siendo estos los siguientes:

- “No sientas”. Reflejado a través del corte y la anestesia que ellos mismos generan ante sus emociones y dolor. El consumo de alcohol les permite tapar en gran medida todo esto. El contacto con la emoción real es bloqueado. Como ellos mismos expresan, el alcohol les “ayuda” a enfrentar la vida.

- “No pienses”, viviendo los problemas o conflictos con angustia en vez de centrar su energía en solucionarlos. El alcohol les sirve para no ver su realidad, no afrontar y evitar responsabilidades. Este tipo de mandato, similar a los de tipo “no reflexiones”, “no recuerdes”… son comunes en ellos. 
La ausencia de responsabilidad plasmada en sus posteriores actos peligrosos o destructivos, parecen tener una base muy importante en este tipo de mandatos, de ahí la importancia de su identificación para poder efectuar una intervención adecuada y conseguir cambios en los niveles superiores.

- “No estés bien”, “no estés sano”. En este tipo de mandato, la relación familiar así como las transacciones producidas en este ámbito, cobran un importante papel. Es posible que en la niñez del paciente, este mensaje no verbal estuviese basado en una ausencia de presencia o atenciones por parte de las figuras parentales, encontradas precisamente en los momentos de falta de salud del niño/a. Una vez en la edad adulta, la persona enferma, y con ello genera un movimiento en el entorno, un movimiento en la familia. La ausencia de salud del paciente puede implicar una serie de constantes atenciones por parte de las personas más allegadas. Caricias positivas y negativas que cumplen una función para el paciente, quien vuelve a moverse entre juegos específicos que le mantienen en una dependencia con su familia. Por otro lado, pueden existir mensajes verbales y no verbales, emitidos por los propios familiares, que sin pretenderlo a un nivel consciente, pueden perjudicar o sabotear los avances de la persona en rehabilitación.

En el nivel emocional encontramos las emociones básicas, siendo el amor, la alegría y el poder, las emociones básicas agradables; y el miedo, la tristeza y la rabia, las emociones básicas desagradables. Son estas tres últimas las destacadas en este tipo de personas.

Darse cuenta de estas emociones es de vital importancia para el paciente. Su identificación y expresión pasan por un acompañamiento amoroso y paciente, pues la persona consumidora de alcohol, suele carecer de herramientas para afrontar este tipo de emociones, quedando desbordados fácilmente. De ahí que el alcohol sirva en muchos momentos como vía de escape para evitar este afrontamiento.

El nivel espiritual incluye los contenidos más profundos de la persona. En este nivel no se interviene directamente, si bien, durante el proceso de terapia existen cambios en el paciente, que añaden congruencia e importancia a todo el esquema.
El inicio problemático de consumo de alcohol en una persona, puede tener una base de vacío existencial en este nivel. Un vacío existencial tapado a través del consumo, evadiéndose de la realidad y experimentando las sensaciones placenteras que en ese momento obtienen. A lo largo del proceso de consumo, se va perdiendo todo sentido de las cosas, así como una orientación y perspectivas de la realidad y de la vida.

Ha sido común encontrar en los pacientes en rehabilitación, especialmente en aquellos que llevan más tiempo invertido en su recuperación, terapia y auto-conocimiento, que este nivel espiritual y profundo ha emergido en forma de potencial. Al igual que el resto de los niveles, siempre estuvo ahí, sólo que la persona nunca atendió o consideró. En una huída de sí mismo, no pudo comprobar que aquello que le empujaba a huir, era en realidad aquello que pedía atención, comprensión y conocimiento, para afrontar y comprender todo lo demás.

Cuando la persona que consume alcanza un estado tal en que todo parece perdido y la muerte acecha, puede emerger en él un nuevo sentido que lo cambia todo. Sobrevivir o “vivir para”… En este momento, la persona cambia su perspectiva y toma la decisión de vivir, con todo lo que ello conlleva.
En palabras del propio Viktor Frankl, “Todo su sentido anterior estaba perdido en ese momento…y apareció un nuevo sentido, el ¡sobrevivir!”.

Darse cuenta y comprender; gran parte del proceso de recuperación se centra en estos aspectos.

Cuando la persona se da cuenta que gran parte del conflicto está dentro de uno mismo, entonces puede comenzar a acometer acciones más productivas. Puede hacerse responsable de sus propias dificultades.


Cuando el paciente aumenta su darse cuenta, construye una nueva manera de afrontar la vida basada en ocuparse del presente y de lo que hay en él, experimentando lo agradable y lo desagradable, lo que le resulta cómodo e incómodo. Poco a poco, el paciente puede ir saliendo del ciclo de situaciones interrumpidas que constituyen su experiencia. Su relación con el mundo comienza a tener una base propia de apoyos internos.

sábado, 25 de febrero de 2017

"AULAS FELICES". Los Centros Educativos como medios idóneos para ladifusión de la Cultura del Bienestar.

 Apostar por un nuevo modelo educativo en el que la importancia del curriculum académico progrese a la par de una adecuada educación emocional, de valores y de autoconciencia. 

La Psicología positiva estudia, a través del método científico, las fortalezas y virtudes que hacen que las personas y organizaciones prosperen.
Esta corriente se centra en el bienestar de las personas y de la sociedad en general. Sus pilares båsicos de estudio son las emociones, los rasgos individuales positivos y los programas que ayudan a mejorar la calidad de vida. Contenidos que, por cierto, "deberían" formar parte de la trayectoria académica de todos los estudiantes desde tempranas edades. 

Por otra parte,  la Educación Emocional tiene como objetivo el desarrollo de las competencias emocionales y el bienestar. Algo también, esencial para el desarrollo integral del alumnado. Ambas permiten la creación de competencias clave para la vida que permitan alcanzar un mayor bienestar, siendo los Centros Educativos aquellos medios idóneos para la difusión de la cultura del bienestar. 

Psicología Positiva aplicada a la Educación. Programa "AULAS FELICES".

El Programa "Aulas Felices" surge de la necesidad de difundir entre el profesorado las aportaciones actuales de la Psicología Positiva. Se trata de un modelo integrador que permite potenciar el desarrollo personal y social del alumnado. 

Imagen: pixabay
Toma como núcleo central el desarrollo de la Atención Plena y la Educación de las 24 fortalezas personales de Peterson y Seligman. 
El objetivo final es el aumento de la autonomía del alumnado, el desarrollo de fortalezas personales y un "estado de serenidad que ayude a alcanzar la satisfacción en la vida".

Hacer de la etapa de escolarización un periodo de "bienestar".

El aprendizaje puede suponer esfuerzo y sacrificio, si bien, hay que aceptar que esto no es incompatible con el entretenimiento y la diversión. De hecho, cada vez se incide más en la importancia de la emoción para aprender más y mejor, evitando esfuerzos que a la larga no implican la integración del conocimiento. 

¿Por qué no hacer más hincapié en que el periodo de escolarización incluya, además de un curriculum académico sólido, un contexto de bienestar personal centrados en el autoconocimiento y la autoconciencia? Recordemos que las sociedades mentalmente sanas comienzan en la escuela...pero a día de hoy el tiempo invertido en el propio conocimiento, la gestion emocional, el respeto hacia uno mismo y el prójimo, siguen siendo secundarios. 

Afortunadamente, cada vez son más los Centros que comienzan a apostar por un nuevo modelo educativo en el que la importancia del curriculum académico progrese a la par de una adecuada educación  emocional, de valores y de autoconciencia. 
Sin olvidar tampoco que la figura del psicólogo será esencial y cobrará más protagonismo en los Colegios.

Tiempo al tiempo...


Si eres docente, psicólogo, psicoterapeuta, trabajas con jóvenes, o simplemente te interesa la Educación, echa un vistazo al Programa "Aulas Felices" a través de su página web: www.aulasfelices.org