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miércoles, 2 de noviembre de 2011

El dolor es una sensación emocional y subjetiva que nace siempre en el cerebro


Imagen: Steinberger

Sin conciencia no hay dolor. Durante la anestesia, desaparece la actividad inductora del dolor en el cerebro, y por eso, no percibimos el bisturí del cirujano.

El dolor, tan importante para la vida, a veces, acaba por convertirla en un infierno. Basta con una pequeña fisura en una muela para que una persona sufra un martirio casi insoportable y acabe suplicando una cura en la consulta del dentista. Por otra parte, estamos acostumbrados a ver golpes y traumatismos en medio de distintas competiciones deportivas, donde la persona, a pesar de haberse fracturado el tabique nasal en una disputa de un balón, sigue compitiendo y haciendo caso omiso a la intensidad de dolor que supone tal lesión.

A la hora de averiguar el origen del dolor, la ciencia se ha enfrentado a un gran obstáculo. Al igual que la angustia, la felicidad o la tristeza son sensaciones emocionales y subjetivas, con el dolor ocurre lo mismo.

¿Qué es entonces el dolor? Parece ser que se trata más de un estado sensorial que de un fenómeno fisiológico. El estado de ánimo influye en la intensidad de la percepción del dolor. Cuando un daño físico se acompaña de angustia, el dolor es más intenso, mientras que si el daño se acompaña de buen humor, los sentimientos que se originan en el cerebro provocan una mejor comprensión de la situación y elaboran rápidamente formas de tratar y combatir el daño.

La experiencia del dolor, además de combatirla con medicamentos, puede hacerse de manera consciente y voluntaria. Esto se puede conseguir, por decirlo de una manera sencilla, con “la fuerza del pensamiento”. Un claro ejemplo para entenderlo es el del faquir, que acostado en su superficie de clavos, muestra comodidad e indiferencia ante las punzantes puntas que le sostienen. El faquir se inflige voluntariamente dolor, pero es capaz de controlar su duración e intensidad. Es a través de esta sensación de control como logra incrementar su tolerancia al dolor, consiguiendo así asombrar a cualquiera de sus espectadores. Sin embargo, si alguien le clavase un clavo en un momento de despiste, hasta el faquir más entrenado gritaría de dolor.

La capacidad para controlar el dolor de forma consciente se la debemos a nuestra corteza pre-frontal. El lóbulo frontal de nuestro cerebro está directamente comunicado, a través de las vías recíprocas, aquellas que reciben información y que envían el resultado de su procesamiento, con el centro sensorial y el sistema límbico. Entabla contacto estrecho también con las áreas motoras y sensoriales de la corteza y con la región medial del tálamo.


Cuando los medicamentos no funcionan

Cuando existe un estímulo doloroso en el cuerpo, éste llega al cerebro a través de las vías ascendentes, y al mismo tiempo, es activado el sistema analgésico que suprime el dolor, pero hay ocasiones en las que el dolor, al no ser tratado y eliminado, se hace persistente en el cuerpo, quedando gravado en el sistema nervioso, cronificándose y complicándose en gran medida su tratamiento.
Cuando los medicamentos no actúan en los dolores crónicos, la psicoterapia es la mejor opción para resolver el problema. La sensación de dolor y el estado anímico está tan íntimamente relacionada que la actuación directa en tal variable llevará a la disminución o eliminación de los síntomas dolorosos. Y es que todos los sistemas corporales que inhiben o refuerzan el dolor están sometidos al control del cerebro y de nuestra conciencia. Así pues, se debe aprender a regular la vivencia dolorosa de forma consciente y usar a nuestro favor nuestra más poderosa arma: el cerebro.

1 comentario:

Luc dijo...

Y cuando se trata de un dolor que no es físico ¿? que es dificil de situar ...porque dentro pero "alrededor" de la cabeza y "alrededor y dentro del pecho ¿? ese dolor que se calma con una buena dosis de risa con tus amig@s , entre otras cosas ...pero sin embargo reaparece una y otra vez , que me puedes decir de eso ¿?