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viernes, 1 de febrero de 2013

FALTA DE SUEÑO. Deterioro cognitivo, preocupaciones y malos hábitos en el Insomnio infantil

Las causas más
habituales de insomnio en el niño
son ambientales,
 conductales y psicológicas
Imagen: GiantPixel

Los niños traumatizados psicológicamente duermen mal, y en casos de situaciones familiares o sociales conflictivas pueden temer quedarse dormidos






El sueño, tan necesario para la salud, viene siempre emparejado a distintas dimensiones. Un hecho evidente es que todas las personas necesitan dormir y descansar para mantener el equilibrio en el organismo o recuperar la salud cuando es necesario. 

El insomnio es uno de los trastorno del sueño que más preocupa a aquellos que lo padecen. ¿Se produce por causas biológicas o está más relacionado con preocupaciones, ansiedades o miedos? 

Independientemente de cada caso, el insomnio puede presentarse como alerta de alguna situación personal que preocupa y que además no se puede o no se sabe resolver, más todavía si quien padece ese insomnio es un niño o menor sin las herramientas adecuadas para reconocer y afrontar aquello que pueda estar sucediendo. 

Los trastornos del sueño pueden presentarse a lo largo de toda la vida, desde la etapa neonatal hasta la vejez, siendo un tipo de trastorno bastante consultado en los centros médicos y pediátricos. 

Los estudios sobre el insomnio en la infancia mencionan que las causas más habituales de este trastorno del sueño en niños son ambientales, conductuales y psicológicas. 

Conflictos familiares y problemas de sueño

La capacidad de percepción en un niño es asombrosa y posiblemente no verbalice aquello que le preocupa o sucede. Cuando esto ocurre, es el cuerpo el que se encarga de dar la voz de alarma ante algo que está afectando o provocando esos cambios. Por ejemplo, cuando un niño sufre situaciones de tensión familiar o social, temen quedarse dormidos, tienen despertares abruptos y la calidad de su sueño es menor. Pero no es necesario que un niño haya vivido situaciones conflictivas o algún tipo de trauma para generar un desequilibrio en sus horas de sueño. En algunas familias y debido a diversas circunstancias, la higiene de sueño es algo que brilla especialmente por su ausencia. La falta de disciplina se traduce en una irregularidad aprendida del ritmo del sueño y puede provocar una cronicidad a lo largo del tiempo de esos mismos ritmos de sueño, más allá de los factores sociales que pudiesen rodear ese desorden.  

Cuando el entorno del niño no genera hábitos ordenados (adecuados a su edad) y beneficiosos en el mismo, la respuesta inadaptativa muy probablemente emerja desde cualquier ámbito, ya sea familiar, escolar, social o de la propia salud personal, resultando muy frecuente la identificación de diversos trastornos del sueño en personas desde muy temprana edad. 

Como si de un circulo vicioso se tratara, lo que afecta en el día, se refleja en la noche, y lo que ocurre en la noche se sitúa como la base que proporciona el alcance de un estado equilibrado, saludable y con la vitalidad necesaria para desempeñar las actividades cotidianas con el ánimo elevado. Algunos autores relacionan la falta de sueño en preescolares con posteriores necesidades educativas especiales (Bonuck K, Rao T, Xu L) junto con el deterioro cognitivo, incluyendo la incapacidad de concentración, problemas de aprendizaje y memoria causados por esa falta de sueño (Vecsey CG, Baillie GS, Jaganath D, Havekes R, Daniels A, Wimmer M, et al.)

Otra serie de factores externos que afectan a la calidad del sueño son la nutrición y el cansancio físico. Los cambios de horarios por motivos familiares o académicos en las que el niño retrasa y pierde horas de sueño, pueden provocar despertares más frecuentes junto con una sensación de cansancio a lo largo del día y complicando de esta manera el correcto desempeño de las múltiples actividades diarias. 

Enrique Bauzano Poley, en su articulo El insomnio en la infancia, publicado en la Revista de Neurología, expone diferentes causas externas de insomnio en niños. Nombra aquellas circunstancias que afectan al menor de una manera contundente.  Abusos físicos, traumas psicológicos, conflictos familiares incorrectamente afrontados etc. pueden provocar un abanico de síntomas, y se destacan además otras causas de insomnio en el niño, como la hiperactividad, las actitudes de oposición, los hábitos, algunas fobias o miedos como los temores a la oscuridad, y el resto de posibilidades que impiden el correcto mantenimiento del sueño. No hay que olvidarse tampoco de enfermedades crónicas o dolorosas, cardiopatías o problemas de asma, aunque los trastornos de sueño ligados a una patología orgánica sean menos habituales que los relacionados con el entorno, desarrollo o contexto psicoafectivo.

Es importante que ante un problema de insomnio infantil se consideren las diferentes dimensiones, aspectos biológicos y ambientales, descartando problemas médicos que impidan el correcto desarrollo de algo tan importante como es el sueño junto con la mejora de hábitos saludables.

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