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jueves, 18 de septiembre de 2014

CULPA Y VERGÜENZA. El fenómeno de la sumisión química


Imagen: Patti
Bajo los efectos de la "burundanga" 
una persona es casi incapaz 
de recordar lo que ha sucedido



Según los datos, las drogas de abuso pueden estar presentes en un 15% de las agresiones sexuales. 

Las drogas de abuso son sustancias psicoactivas que tienen la capacidad de alterar el estado de conciencia, la conducta y los procesos de pensamiento de la persona que los ha consumido. Durante los últimos años, comienza a ser común conocer noticias relacionadas con ataques o violaciones a chicas que afirman no recordar nada o pocas cosas del suceso, y que muy confundidas, entienden que han sido víctimas de un abuso sexual.

Sin embargo, no son muchas las que se atreven a contar lo sucedido. Detrás de una agresión sexual parece quedar un hilo de vergüenza y culpa en la víctima. Algo sorprendente pues quien debiera arrastrar tales emociones no es otro que el propio agresor.

Epidemias absolutamente silenciosas. Los abusos sexuales comforman una realidad mucho menos conocida de lo que realmente creemos. Incluso los datos estadisticos, los datos encontrados desde los ambitos médicos y judiciales, solo muestran una pequeña parte de la realidad, pues muchos abusos no llegan a ser denunciados nunca.

Hace unos años escuché sorprendida, en un programa de radio, la llamada anónima de un oyente. El chico contaba con bastante rabia, cómo un amigo suyo muy poco agraciado físicamente, se llevaba a la cama a cualquier chica que él escogiera. El plan siempre era el mismo. Ellos acudían a cualquier pub de la zona, y cuando podían, amablemente iniciaban una conversación inocente con el grupo de chicas que allí estuviera.

Este chico compraba a través de internet una sustancia que posteriormente introducía en la copa de alguna de las chicas. Al cabo del rato, el chico se iba a su casa acompañado de la chica. No existia una "agresión" como tal, ni ningún gesto violento del agresor hacia la chica, pues ésta acababa cediendo sin mostrar ninguna oposición a los deseos del mismo.

Por aquel entonces no se conocían mucho estas formas de agresión sexual. Yo misma, al escucharlo por la radio llegué a pensar que se trataba de una broma. ¿Cómo podía ser posible que alguien pudiese comprar una sustancia por internet que anulase completamente a una persona?

Está claro que este tipo de drogas inhiben la voluntad de las personas haciendo que pierdan la capacidad de pensar y de defenderse. Además, pueden provocar pérdida de memoria por lo que la victima suele acabar muy confusa y confundida por todo lo que ha pasado. Muchas de ellas recuerdan el abuso, pero lo recuerdan sabiendo que en ningún momento tuvieron la capacidad de oponerse.

   Drogas que facilitan un asalto sexual

Se trata de fármacos que anulan la voluntad. Solamente es necesario esperar un pequeño despiste de la víctima para poder introducir rápidamente en su copa algún tipo de estas sustancias. Al ser sustancias inholoras, incoloras y sin sabor, es prácticamente imposible pensar que alguien pueda haber adulterado lo que estas tomando. Es precisamente esta mezcla con el alcohol lo que provoca que se vean afectadas la capacidad de juicio, la consciencia y la coordinación motora.

  Pueden ser sedantes e hipnóticos como las benzodiacepinas. El ácido gammahidroxibutírico GHB, un depresor del Sistema Nervioso Central, o la Ketamina, un agente anestésico disociador (usado en la práctica veterinaria), provocan que la persona pierda la capacidad de pensar y resistirse. Por otra parte, la Escopolamina o "burundanga", es una sustancia que suprime la voluntad y provoca amnesia. Sus dosis suelen ser minúsculas pues una sobredosis de la misma puede provocas psicosis, delirios, parálisis, estupor e incluso la muerte.

Estos son sólo algunos ejemplos de algunas de las sustancias que han cobrado protagonismo a la hora de llevar a cabo tan cobardes y despreciables acciones.

  Consecuencias psicológicas en la víctima

Es curioso como después de este tipo de sucesos parece quedar en el aire una culpabilización a la víctima. Mensajes directos o indirectos del tipo..."¿Cómo no te diste cuenta? o ¿cómo confiaste en él? etc. provocan en la persona agredida sentimientos de culpa añadidos, pues en ningún momento ella es responsable del abuso que comete la otra persona.

Este tipo de abuso no tiene porqué implicar lesiones genitales. Esto es algo que añade dificultad a la hora de demostrar judicialmente el delito, pues no existen pruebas físicas que así lo delaten. Además el contexto en el que se produce la agresion impide también que en muchos casos no se pueda juzgar al agresor.


Se trata de una situación injusta que sitúa al ofensor en un punto que le beneficia absolutamente.
Mientras la víctima queda sumida en un estado de impotencia y daño emocional, el agresor parece escapar triunfante en su hazaña, aunque en el fondo sepamos que se trata de un ser sin valentía y sin capacidad de relacionarse de manera natural con una mujer.

Algunas de las posibles consecuencias a corto y largo plazo en la persona agredida incluyen el trastorno de estrés postraumático, alteraciones en la esfera sexual, descenso importante de su autoestima y limitaciones en muchos ambitos de su vida cotidiana.


Para la persona agredida es de vital importancia tener un entorno que facilite el apoyo incondicional. Hablar de lo sucedido, sin tabúes, culpas ni remordimientos. Las palabras serán vehículo para sacar lo que llevan dentro.

Denunciar es importante, alzar la voz también.

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