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jueves, 14 de julio de 2016

"Me doy cuenta de que respiro poco"

Imagen: Jason Decaires Taylor. Esculturas bajo el agua
Captar, retener, expulsar, recibir, transformar, devolver…RESPIRAR.

Una respiración plena implica el contacto con nosotros mismos y con los demás. 

La respiración y su importancia, por lo general, suele ser algo ignorado por la mayoría de las personas y por los propios profesionales de la salud. Lo cierto es que muchos de nosotros somos malos respiradores.  ¿Cuántas veces nuestra respiración es poco profunda?
Y esto es importante, pues de la calidad de nuestra respiración derivarán estados de salud o bien estados crónicos de tensión, ansiedad o decaimiento.

Muchas de nuestras tensiones musculares son la respuesta fisiológica de conflictos psicológicos. A través de las mismas, los conflictos se estructuran en el cuerpo como una restricción de la respiración y una limitación del movimiento.  Para entender esto de una manera simple, podemos visualizarnos ante una situación de peligro o simplemente recordar algún acontecimiento estresante. Ese momento de impacto suele ir acompañado de un “corte” de la respiración o una disminución de la misma.  Dependiendo del tipo de impacto, nuestro Sistema Nervioso nos hará reaccionar de una manera u otra, ya sea activando la función de huida, defensa o paralización. 

En nuestro día a día podremos tener más o menos  situaciones impactantes: un susto con el coche, un sonido fuerte, una mala noticia recibida…si bien, suelen tratarse de hechos identificables y tras un breve periodo de tiempo se puede regresar al estado normal de respiración e incluso llevar a cabo acciones que nos calmen o relajen. 
Sin embargo, es muy común que nuestro cuerpo arrastre conflictos tempranos y más actuales, que sin ser conscientes de ellos, se presentan en forma de síntoma. Las tensiones y contracturas musculares están altamente relacionadas con una respiración deficiente. Lo mismo ocurre con los estados de angustia y ansiedad, acompañados a su vez por la tensión y dolor muscular.  

La profundidad de la respiración afecta a la intensidad del sentir. 

Emociones como el miedo, la rabia o la tristeza participan en el “proceso” de anulación de la respiración.  Respirar es vivir, y esto implica sentir. Pero sentir no siempre es agradable, especialmente cuando arrastramos en nuestro cuerpo recuerdos de sucesos que han generado heridas internas.  Cuando esto sucede, de manera prácticamente involuntaria, la respiración queda reducida. De esta manera, los sentimientos y emociones desagradables quedarían “amortiguados”. 

¿Qué sucede cuando la respiración vuelve a ser amplia?

Imagen: Jason Decaires Taylor. Esculturas bajo el agua
Cuando generamos nuevos patrones de respiración, ya sea en un proceso de trabajo terapéutico, por propia consciencia, por la realización de actividades en las que la respiración es clave(deporte, yoga, meditación, relajación…) etcnos encontramos también ante un posible afloramiento de sensaciones, recuerdos y emociones. 

Muchas veces, sentir todo esto da miedo. Por eso es importante trabajarlo, identificarlo y poder ir soltando aquello que nuestro cuerpo arrastra. 

Con la mejora de nuestros patrones de respiración, los cambios serán evidentes a diferentes niveles (nivel corporal, emocional, sexual...), y con ella, nuestra movilidad y energía. 

Respira...merece la pena.



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