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jueves, 17 de mayo de 2012

DESARROLLO DE UNA PERSONALIDAD SANA A TRAVÉS DEL APEGO Y LOS MODELOS EDUCATIVOS DE NUESTROS PADRES


Debe existir un reencuentro entre padres e hijos
desde la confianza
y sintonía de valores. Imagen: vivekchugh



Todo estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño se encuentra determinado o por lo menos muy condicionado por la accesibilidad y capacidad de respuesta de los padres, responsables en gran medida del desarrollo de nuestra personalidad.

El apego es el vínculo emocional que todo niño establece con sus padres o con aquellas personas encargadas de su cuidado. Dependiendo de las conductas de seguridad o no que se establecen, se obtiene un vínculo distinto que moldea la capacidad de relación del niño, su forma de ser, y sus actitudes para resolver problemas.

El apego puede durar toda la vida, y ya en el primer momento del nacimiento surge como necesidad de solventar nuestras necesidades
primarias de alimentación, limpieza, o afecto proporcionado.
Los primeros meses de vida son cruciales en la formación del apego. Cuando un niño cambia varias veces de familia por ejemplo en casos de adopción, resulta muy complicado que desarrolle el vínculo de seguridad necesario con su figura principal de apego.
Además del vínculo emocional establecido en la infancia con aquellas figuras de referencia encargadas de nuestro cuidado, las formas de educar o los modelos educativos utilizados por nuestros padres son en gran medida responsables del sano desarrollo de nuestra personalidad.
Un modelo educativo autoritario está caracterizado por la gran cantidad de normas y el poco afecto y reconocimiento ofrecido. Destaca la frialdad emocional. Generalmente, se trata de padres que sólo atienden a sus criterios, implantándolos sin considerar las circunstancias de cada situación.

El niño educado bajo un modelo autoritario podrá ser “sumiso” en su adolescencia como aquel adolescente "oveja" sin ninguna capacidad de elección o decisión, o  por el contrario, podrá desarrollar actitudes rebeldes y violentas. Tendrá nulas capacidades para enfrentarse a las dificultades, que al mismo tiempo se reflejarán en forma de ansiedad y agobio. Unos padres autoritarios pueden dar como resultado niños con baja autoestima, culpabilidad, locus de control externo, poca competencia social, agresividad, impulsividad o recompensas a corto plazo.

Un modelo educativo permisivo se caracteriza por la gran permisividad, falta de normas y afecto. Existe una camuflada “liberalidad” que da paso a la deserción como padre del  propio padre y donde el niño lleva el control. Ejemplo ”yo soy amigo de mi hijo”

Debe existir un reencuentro entre padres e hijos desde la confianza y sintonía de valores. El adolescente necesita normas, y al no tenerlas, acaba sintiéndose perdido y desorientado. Necesitan marcos de referencia y mapas de actuación para el desarrollo de la personalidad. Al no existir limites impuestos, no saben hasta donde llegar en sus deseos resultando incapaces de adaptarse a los demás y a las normas sociales. Tampoco desarrollan tolerancia a la frustración. “Lo quiero ahora y lo tengo ahora”como gran ejemplo de personalidad inmadura e irresponsable. Sus derechos y deseos están siempre por encima de los demás.
Unos padres permisivos crearán niños con alta autoestima pero con poca competencia social y control de impulsos. Inmadurez, cambios en sus estados de animo etc.
El modelo educativo democrático se caracteriza por un correcto afecto y aplicación de las normas. El afecto permite una seguridad, protección y desarrollo. Cuando existe este equilibrio entre afecto y normas, hay seguridad para manejar los conflictos, soportar frustraciones y contar con la confianza y orientación de los padres. Unos padres democráticos permitirán que los niños tengan una correcta autoestima, presenten habilidades sociales, autocontrol, autonomía y tengan conciencia de las recompensas a largo plazo.
El modelo educativo sobreprotegido destaca por la protección excesiva que se ofrece a los hijos. Existe así una dependencia con los padres que va a provocar que los niños sean tímidos, inseguros, indecisos y poco defensores de sus derechos en ocasiones varias. En casa  pueden mostrarse caprichosos e intolerantes.

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