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lunes, 29 de octubre de 2012

SALIR ADELANTE. Cuestionar los pensamientos negativos, perfecta alternativa a mejorar el estado de ánimo.



Según la forma de razonar,
una persona podrá sentirse
 más o menos triste.
Imagen: El grito nº3, (1983)
de Oswaldo Guayasamin
La cronicidad de la tristeza o la depresión, llegan cuando el dolor sigue anclado en el individuo a lo largo del tiempo.

La tristeza se presenta en el ser humano como un dolor que se vive por dentro y provoca un sufrimiento y desgaste anímico suficiente como para no poder enfrentar la vida de una forma correcta. Se trata de una emoción muy natural y primaria del individuo, y sin ella tampoco se valorarían los momentos gratificantes de nuestra vida. Se trata de una posibilidad más de ese abanico de emociones existentes, igual que la alegría, la ira o cualquier otra emoción.

Es normal sentir tristeza ante acontecimientos vitales dolorosos como pérdidas, duelos o diferentes  problemas, siendo esta emoción la encargada de permitir expresar el dolor que uno vive por dentro. La tristeza será positiva siempre y cuando su intensidad sea proporcional a la situación acontecida y sirva al individuo a crecer en el camino de la vida. Es importante vivenciar el dolor sin estancarse en él.

La desgana por realizar actividades cotidianas de las que antes se disfrutaba, el llanto, la apatía, los cambios en la alimentación y en el sueño, son algunos de los síntomas asociados a la tristeza. Al quedar envueltos en ella, se complica la capacidad de ver lo positivo del momento presente, engrandeciendo en general lo negativo y considerando desastroso todo aquello que pueda venir del futuro.

Las personas que tras un tiempo “acorde” o  proporcional al acontecimiento sucedido no superan la tristeza, se enfrentan a la delicada situación de cronificar su dolor.  Cierto es que existen personas más vulnerables a caer en un estado de tristeza más extenso en el tiempo, mientras que otras muestran una capacidad mayor de superación.

La vulnerabilidad se centra especialmente en personas que pueden interpretar los sucesos negativos de una manera menos acorde a la realidad y agrandan sin querer, lo terrible de cada situación. Las personas con dificultades para olvidar acontecimientos tristes, viven acompañados de recuerdos que siguen presentes y protagonizan estados de culpabilidad, rabia o desesperanza, lo que les lleva a sentirse más frágiles a la hora de encarar situaciones complicadas. También son vulnerables aquellos que tienen mayor dificultad para enfrentar y resolver problemas, sin olvidar tampoco, las distintas susceptibilidades biológicas y psicológicas de cada individuo.

Cambiar los pensamientos equivocados

Según la forma de razonar, una persona podrá sentirse más o menos triste. Centrarse generalmente en lo negativo de cada situación o interpretar equivocadamente lo que nos sucede, no es más que una forma perjudicial de enfrentar las situaciones y de cuidar la propia salud mental. Una persona nunca disfruta dándole vueltas una y otra vez a sus pensamientos tristes, pero llega un momento en el que resulta realmente difícil romper con esa espiral de pensamientos y emociones. Por esta razón será necesario plantear un punto de corte entre los pensamientos y las emociones automáticas que causan.

Dejar de sufrir sin abandonar los pensamientos, aunque sí cambiar la manera de pensar establecida durante tanto tiempo es el primer paso para crear una mejora. Se trata de tener la capacidad de diferenciar el malestar causado por un suceso determinado, y el dolor que uno mismo provoca con sus pensamientos equivocados.

Por ello, es bueno reflexionar acerca de aquellos pensamientos que generen estados de tristeza, teniendo de esta forma, la oportunidad de cuestionarlos y confrontarlos con la realidad.

  • “¿Por qué me he sentido tan mal?”
  • “¿Realmente estoy seguro que esto es así?”
  • “Lo que pienso, ¿me ayuda o me impide solucionar el asunto?”
  • “¿Cómo influye esto que pienso en mi estado de ánimo?”

Responder a preguntas como estas permite la aparición de más pensamientos alternativos, y con ello, la posibilidad de descartar esas ideas que en poco ayudan al bienestar personal.

 Las conclusiones finales al cuestionamiento de los pensamientos negativos facilitarán que la tristeza deje de aparecer con tanta facilidad y ayudará a la persona a no sentirse tan mal en situaciones semejantes a las que en un principio, le causaban tristeza. 

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