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miércoles, 23 de enero de 2013

UN ANTES Y UN DESPUÉS. Recordar el trauma no implica revivir la amenaza

El trauma destruye
la capacidad de sentir placer y alegría re-experimentando
 el suceso pasado.
Imagen: Angustia- Oswaldo Guayasamin
 

El estrés post-traumático destruye las sensaciones positivas y provoca en el cuerpo una experiencia somática que impide recobrar el equilibrio existente anterior a lo sucedido.

El cuerpo muestra cómo nos sentimos. Las experiencias emocionales de la vida crean una forma anatómica determinada en el  cuerpo. A su vez, esta forma proporciona emociones, sentimientos y pensamientos. A partir de la misma comienza el camino de la expresión o la inhibición, creando interacciones con el mundo y estableciendo relaciones.

El cuerpo arrastra el bagaje genético propio y la historia personal de cada uno. Recoge las agresiones, los conflictos, la desilusión y los esfuerzos. Cuando acontece un evento traumático, el cuerpo reacciona muy intensamente. El miedo envuelve a la persona, haciendo que experimente una serie de reacciones físicas y mentales asociadas al trauma e integradas como peligrosas y cuanto menos, desagradables. Defensa, huída, evitación...parece que nada es suficientemente eficaz para extinguir esas sensaciones que hacen revivir y re- experimentar una y otra vez lo sucedido.  Como si de un antes y un después se tratara, el trauma provoca la inhabilidad de estar en el presente. Destruye la capacidad para sentir placer y alegría, y arrasa con las sensaciones positivas. Ahoga a su vez los intentos de seguir adelante a pesar de la lejanía del evento traumático.

Realmente, el trauma o aquello que sucedió no está, ya se ha ido, pero los residuos quedan grabados en el cerebro y en el cuerpo, emergiendo a través de la activación fisiológica ante algún estímulo que recuerde el suceso,o a través de recuerdos intrusos, pesadillas y reexperimentación.

Opciones de abordar el trauma.

La terapia de exposición pretende romper la asociación entre el estimulo y la respuesta desencadenada promoviendo la disminución de la misma y su extinción tras la repetición continuada de dicha exposición.
Autores como Jaycox y Foa (1996) consideran que la exposición al hecho traumático (en vivo o imaginación) es exitosa y conduce a la disminución de los síntomas porque la persona aprende que:


  • Los estímulos que recuerdan el trauma no causan daño.
  • Recordar el trauma no implica revivir la amenaza.
  • Cuando la persona permanece cercana a los recuerdos traumáticos, la ansiedad termina disminuyendo por la habituación producida.
  • La experiencia de ansiedad no finaliza en la pérdida de control temida, puesto que en primer lugar se da una habituación de la ansiedad y el aprendizaje de que la exposición no conlleva la amenaza.


El EMDR o desensibilizacoón y reproceso por el movimiento de los ojos, es un abordaje psicoterapéutico dedicado especialmente al tratamiento de estrés post-traumático. A través de esta técnica se pretende un reprocesamiento de la información a través de la estimulación bilateral y permitiendo a la persona el aprendizaje de quedar en el presente, dejando que el cerebro procese el hecho traumático a través de las evocaciones y emociones del trauma, pero sin volver a lo pasado. 


La terapia cognitiva se centra en la interpretación del suceso, dejando a un lado el propio suceso traumatico, siendo la propia interpretación la que determinará las emociones y consiguientes pensamientos desadaptativos provocadores de las respuestas patológicas. La reestructuración cognitiva enseña a la persona a: 

  • Identificar pensamientos desadaptativos
  • Evaluar su validez y cambiar aquellos pensamientos que resulten erróneos
  • Sustituir esos pensamientos por otros más beneficiosos.


El entrenamiento en inoculación de estrés (EIE) es uno de los más utilizados para el manejo de la ansiedad en el estrés post-traumático. Permite la adquisición y aplicación de habilidades de afrontamiento a través de distintas técnicas educativas, la relajación muscular, el control de la respiración o detención del pensamiento, entre otras.


La hipnosis se utilizaría especialmente para tratar los síntomas disociativos, es decir, aquellos síntomas que indiquen que existen determinados elementos eliminados o negados de la conciencia como mecanismo de defensa o afrontamiento por resultar aversivos para la persona. El cuerpo comienza a ser un cuerpo traumatizado cuando recuerda el trauma. Cuanto más profundiza en él, peor se encuentra. A veces, hay traumas que no se pueden contar, siguen en el cuerpo y reconstruyen lo que está pasando por lo que comunica su propio cuerpo. Por lo tanto, la hipnoterapia permitiría en este ámbito:

  • Recuperar el material traumático disociado
  • Reconectar el afecto y el material recordado
  • Transformar los recuerdos traumáticos. 








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