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lunes, 10 de junio de 2013

LUDOPATÍA. La necesidad de apostar y jugar aumenta en periodos de estrés y depresión.


Los jugadores patológicos podrían actuar
 impulsados por la necesidad de logro,buscando oportunidades que
 prueben sus conocimientos y su control sobre el juego.
Imagen: vierdrie
Los niveles más altos de prevalencia del juego patológico se sitúan en adolescentes y estudiantes universitarios. 

La conducta de juego es algo intrínseco al ser humano y se encuentra íntimamente relacionada con las sensaciones de placer. Sin embargo, la libertad de jugar puede desaparecer convirtiéndose el juego en una necesidad prioritaria y patológica.

 La principal característica del juego patológico es el comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente, que afecta a la vida personal  de la persona que lo padece.

Históricamente, la problemática de adicción al juego era considerada una especie de debilidad moral, que junto con la promiscuidad y abuso de alcohol, eran señales de identidad de personas viciosas y vividoras.

Autores como Ochoa y Labrador (1994), destacan por su propuesta centrada en los efectos ambientales y familiares de la conducta del propio jugador, y exponen los diferentes tipos de jugadores.

Por ejemplo, el jugador social  interviene ocasionalmente en juegos, siempre por entretenimiento o diversión. Juega cuando lo desea con pleno control de su conducta, sin dependencias emocionales ni problemas económicos, personales o sociales.

El jugador profesional vive del juego y apuesta de una manera racional, utilizando sus habilidades. No necesariamente disfruta del juego ya que lo utiliza como una manera de obtener dinero, pero bajo el control y análisis de la situación.

El jugador problema suele jugar muy frecuentemente y con menor control de sus impulsos. Adaptado socialmente, se sitúa en el limite entre la normalidad y lo patológico, con muchas probabilidades de traspasar ese limite.

El jugador patológico  tiene ya una dependencia emocional hacia el juego, una ausencia de control y una evidente afectación del funcionamiento normal de su vida. Tiene una necesidad subjetiva de volver a jugar para recuperar lo perdido, a pesar de fracasar continuamente. Sus pensamientos son distorsionados, irracionales y supersticiosos. 

Según Becoña (1999) el número de jugadores patológicos en España  sería de 450.000 y el de jugadores problema de 750.000.

Antecedentes familiares y estrés 

El estrés o una mayor exposición al juego pueden desencadenar 
un comienzo brusco de la conducta patológica. De hecho, 
la necesidad de apostar y jugar aumenta especialmente en periodos de estrés o depresión. Los niveles más altos de prevalencia se sitúan en adolescentes y estudiantes universitarios donde el 40 % de todos tienen entre 18 y 30 años. 
Imagen: sgman

Además, el juego patológico también es planteado desde un enfoque sistémico, contemplando las influencias y consecuencias de las conductas familiares en el sujeto que expresa el síntoma. Se conoce que aproximadamente un 40 % de los jugadores patológicos tienen antecedentes  del mismo o de otro tipo de adicciones en su familia. 

Otros estudios exponen el papel de la familia, creadora incluso de 
los hábitos de juego, indicando que un 86% de los adolescentes 
que juegan lo hacen acompañados y bajo el visto bueno de 
sus familiares.

Analizando las historias personales de los jugadores, se han 
podido detectar factores que les han hecho más vulnerables 
y predispuestos al juego. Sin embargo, el desarrollo de la 
ludopatía suele incluir un amplio periodo de tiempo, dificultando 
de esta manera el establecimiento  de factores desencadenantes
 de esa pérdida de control.

Independientemente, parece ser que la búsqueda de juego puede 
estar relacionada también con la necesidad de escapar de 
los problemas o como alivio de determinadas emociones, ansiedades
o sentimientos de culpa

Rasgos de personalidad

Una gran parte de la investigación del juego patológico se centra en las dimensiones básicas o rasgos de la personalidad del sujeto.

Por ejemplo, la impulsividad, es una de las variables más estudiadas. Se cree que los jugadores patológicos tienen mayores índices de impulsividad junto con la tendencia de actuar de una forma poco reflexiva dejándose llevar por las necesidades o impulsos momentáneos.

Otros autores consideran la impulsividad como aquello que impide el control de la conducta, así como el aprendizaje de las conductas negativas.

La búsqueda de sensaciones y de riesgos hace que el sujeto experimente un nivel de activación mayor y sus conductas sean estimulantes. El juego patológico cumple las condiciones para satisfacer estas sensaciones.

A pesar de las diferentes investigaciones sobre la impulsividad, existen otros autores que ponen en duda que sea esta misma la base del juego patológico. De hecho, hay investigaciones en las que no se ha encontrado diferencias entre jugadores patológicos  y no jugadores respecto a la impulsividad o búsqueda de sensaciones.

Parece ser que la impulsividad está más relacionada con la gravedad de alguna conducta de juego patológico, pero no se considera un factor etiológico ni se presenta en todos los casos.

Disociación de la conducta

Existen otras variables de personalidad propuestas como explicativas del juego patológico. Una de estas variables es el nivel en el que los jugadores patológicos presentan experiencias disociativas, experiencias de trance, amnésicas, de verse a sí mismos jugar o la sensación de ser otra persona y jugar automáticamente.

La tendencia a la disociación parece estar asociada a la gravedad de la conducta de juego. Las situaciones de juego parecen inducir a estados casi hipnóticos, y las personas que presentan más disociaciones suelen ser más susceptibles de entrar en estados de hipnosis.

Esto explica que estas personas, al entrar más fácilmente en estados disociativos, experimenten una mayor sensación de placer y de "falso" control de la situación.

Factores motivacionales

 Los jugadores patológicos podrían actuar impulsados por la necesidad de logro, buscando oportunidades que prueben sus conocimientos y su control sobre el juego, como por ejemplo en juegos de cartas. Al no lograrse el objetivo, el patrón repetitivo de conductas se desencadena.

1 comentario:

David dijo...

La verdad que si bien me gusta jugar y apostar, trato de no hacerlo mucho para no tener que enviciarme. Sin embargo cuando consigo pasajes baratos lan para ir a Las Vegas obviamente paso por el casino