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Los jugadores patológicos podrían actuar impulsados por la necesidad de logro,buscando oportunidades que prueben sus conocimientos y su control sobre el juego. Imagen: vierdrie |
La conducta de juego es algo intrínseco al ser humano y se encuentra íntimamente relacionada
con las sensaciones de placer. Sin embargo, la libertad de jugar puede
desaparecer convirtiéndose el juego en una necesidad prioritaria y patológica.
La principal característica del juego patológico
es el comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente, que
afecta a la vida personal de la persona
que lo padece.
Históricamente,
la problemática de adicción al juego era considerada una especie de debilidad
moral, que junto con la promiscuidad y abuso de alcohol, eran señales de
identidad de personas viciosas y vividoras.
Autores como
Ochoa y Labrador (1994), destacan por su propuesta centrada en los efectos ambientales
y familiares de la conducta del propio jugador, y exponen los diferentes tipos
de jugadores.
Por ejemplo, el jugador social interviene ocasionalmente en juegos,
siempre por entretenimiento o diversión. Juega cuando lo desea con pleno
control de su conducta, sin dependencias emocionales ni problemas económicos,
personales o sociales.
El jugador profesional vive del juego y
apuesta de una manera racional, utilizando sus habilidades. No necesariamente
disfruta del juego ya que lo utiliza como una manera de obtener dinero, pero
bajo el control y análisis de la situación.
El jugador problema suele jugar muy
frecuentemente y con menor control de sus impulsos. Adaptado socialmente, se
sitúa en el limite entre la normalidad y lo patológico, con muchas
probabilidades de traspasar ese limite.
El jugador patológico tiene ya una dependencia emocional hacia el
juego, una ausencia de control y una evidente afectación del funcionamiento
normal de su vida. Tiene una necesidad subjetiva de volver a jugar para
recuperar lo perdido, a pesar de fracasar continuamente. Sus pensamientos son
distorsionados, irracionales y supersticiosos.
Según Becoña (1999) el número de jugadores patológicos en España sería de 450.000 y el de jugadores problema de 750.000.
Antecedentes familiares y estrés
El estrés o una mayor exposición al juego pueden desencadenar
un comienzo brusco de la conducta patológica. De hecho,
la necesidad de apostar y jugar aumenta especialmente en periodos de estrés o depresión. Los niveles más altos de prevalencia se sitúan en
adolescentes y estudiantes universitarios donde el 40 % de todos tienen entre 18 y 30 años.
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Imagen: sgman |
Además, el juego patológico también es planteado desde un enfoque sistémico, contemplando
las influencias y consecuencias de las conductas familiares en el sujeto que
expresa el síntoma. Se conoce que aproximadamente un 40 % de los jugadores
patológicos tienen antecedentes del
mismo o de otro tipo de adicciones en su familia.
Otros estudios exponen el papel de la familia, creadora incluso de
los
hábitos de juego, indicando que un 86% de los adolescentes
que juegan lo hacen
acompañados y bajo el visto bueno de
sus familiares.
Analizando las historias personales de los jugadores, se han
podido
detectar factores que les han hecho más vulnerables
y predispuestos al juego.
Sin embargo, el desarrollo de la
ludopatía suele incluir un amplio periodo de
tiempo, dificultando
de esta manera el establecimiento de factores desencadenantes
de esa pérdida de
control.
Independientemente, parece ser que la búsqueda de juego puede
estar
relacionada también con la necesidad de escapar de
los problemas o como alivio
de determinadas emociones, ansiedades
o sentimientos de culpa.
Rasgos de personalidad
Una gran parte
de la investigación del juego patológico se centra en las dimensiones básicas o
rasgos de la personalidad del sujeto.
Por ejemplo, la impulsividad, es una de las
variables más estudiadas. Se cree que los jugadores patológicos tienen mayores
índices de impulsividad junto con la tendencia de actuar de una forma poco
reflexiva dejándose llevar por las necesidades o impulsos momentáneos.
Otros autores
consideran la impulsividad como aquello que impide el control de la conducta, así
como el aprendizaje de las conductas negativas.
La búsqueda de sensaciones y de riesgos
hace que el sujeto experimente un nivel de activación mayor y sus conductas
sean estimulantes. El juego patológico cumple las condiciones para satisfacer
estas sensaciones.
A pesar de las
diferentes investigaciones sobre la impulsividad, existen otros autores que
ponen en duda que sea esta misma la base del juego patológico. De hecho, hay
investigaciones en las que no se ha encontrado diferencias entre jugadores
patológicos y no jugadores respecto a la
impulsividad o búsqueda de sensaciones.
Parece ser que
la impulsividad está más relacionada con la gravedad de alguna conducta de
juego patológico, pero no se considera un factor etiológico ni se presenta en
todos los casos.
Disociación de la conducta
Existen otras
variables de personalidad propuestas como explicativas del juego patológico.
Una de estas variables es el nivel en el que los jugadores patológicos
presentan experiencias disociativas, experiencias de trance, amnésicas, de
verse a sí mismos jugar o la sensación de ser otra persona y jugar
automáticamente.
La tendencia a
la disociación parece estar asociada a la gravedad de la conducta de juego. Las
situaciones de juego parecen inducir a estados casi hipnóticos, y las personas
que presentan más disociaciones suelen ser más susceptibles de entrar en
estados de hipnosis.
Esto explica que
estas personas, al entrar más fácilmente en estados disociativos, experimenten
una mayor sensación de placer y de "falso" control de la situación.
Factores motivacionales
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