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lunes, 28 de octubre de 2013

LA DISCUSIÓN INTERNA. Una sencilla estrategia para el manejo de pensamientos y emociones

 

Cambiar las emociones inapropiadas por otras más apropiadas es cuestión de aprendizaje.
Imagen: José Manuel Moreno Martínez.
 "Apoyo emocional"
Tomar conciencia de las situaciones que generan malestar, eliminar sesgos y relativizar: buenos aliados para la mejora del estado emocional.

Independientemente de considerar problemáticas o negativas a algunas emociones, es importante saber que cada emoción va a estar aportando una información vital.

Algo muy saludable para una persona es tener la capacidad de gestionar adecuadamente sus emociones, accediendo a aquellas más apropiadas a través de las inapropiadas, sin caer en la represión y control absoluto de las mismas.

Quedar estancado en las falsas creencias de determinación correspondientes a nuestro carácter, temperamento o personalidad no provoca más que un bloqueo y ausencia de aprendizaje para mejorar en nuestras relaciones con todo el entorno. "Yo soy así, no puedo cambiar" "Ya sabes como es mi carácter..." "Lo demás me hacen enfadar siempre"... Estas son sólo afirmaciones que refuerzan la continuidad en estados problemáticos con uno mismo y con el resto, y ante la incapacidad de saber gestionar sus emociones y respuestas ante los demás, justifican sus acciones con autoafirmaciones que impiden el cambio.


Movilización y toma de acciones

Ser consciente de los pensamientos propios es muy eficaz a la hora de analizar nuestro estado emocional. Muchos de nuestros pensamientos emergen de forma automática, y cuando estos mismos se alejan de la realidad por estar cargados de sesgos y aspectos subjetivos, el malestar y un estado emocional inadaptativo emergen a pesar de no ser deseados.

De ahí la importancia de identificar las situaciones que provoquen la aparición de dichos pensamientos y sus correspondientes emociones. Esta consciencia, este "darse cuenta" lo que va a generar va a ser una activación emocional correspondiente a lo que provoca esa determinada situación, junto con los pensamientos emergentes. Con esta pequeña acción, la persona va a poder descontextualizar esa emoción, le va a poder dar un nombre, así como podrá también observar sus pensamientos, suscitándose una mayor capacidad de manejo.

Identificando los pensamientos es posible detectar semblantes subjetivos y sesgos que dificultan ese acercamiento a los hechos verdaderos.

Racionalización y discusión interna

Una forma alternativa de comprender la situación pasa por desarrollar un nuevo pensamiento más objetivo.

Limpiar los pensamientos automáticos de sus filtros subjetivos, así como propiciar un dialogo interno que permita respuestas alternativas a través de la racionalización, va a implicar un cambio en la estructura generadora de malestar.

Una sencilla estrategia a seguir es la siguiente:

· Definir el pensamiento: "¿Qué es lo que me preocupa exactamente?"

· Buscar pruebas a favor y en contra de lo que entraña el pensamiento: "¿Qué pruebas confirman mi pensamiento?" "¿Qué aspectos me indican que puedo equivocarme?"

· Relativizar, quitar importancia: "¿Qué es lo peor que podría suceder si estoy en lo cierto?"

· Ventajas o inconvenientes del pensamiento: "¿Me ofrece ventajas este pensamiento o me provoca más nerviosismo, tristeza...?"

· Pensamiento alternativo: búsqueda de objetividad, transformación de la queja en soluciones.

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