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sábado, 18 de octubre de 2014

ESTIMULACIÓN TEMPRANA. La importancia de reconocer y promover el potencial de todo niño

Las diferentes formas de estimulación
son siempre sencillas de aplicar,
provocando sensaciones positivas
 de seguridad y bienesta en el bebé.

Imagen: ugaldew
Los estímulos brindados en los 12 primeros meses tienen más impacto en el crecimiento cerebral del niño que en cualquier otra etapa de la vida.


La estimulación temprana ayuda a mejorar las habilidades motrices, cognitivas, y adaptativas, así como las relacionadas con el lenguaje y la comunicación. Se trata de acciones que proporcionan experiencias necesarias para el niño, incrementando además, la relación afectiva entre el niño y sus padres.

 Puede estar dirigida a niños con desarrollo normalizado,  desde su nacimiento hasta los 6 años de edad, así como a niños con déficits en sus desarrollos. De hecho, este conjunto de técnicas y cuidados son una opción primordial ante casos de daños neurológicos o encefálicos. 

Bases neurofisiológicas

Durante el primer año de vida, el Sistema Nervioso Central posee una plasticidad especialmente llamativa. Los impulsos y las respuestas a los mismos provocan efectos en el organismo. Cada aprendizaje implicará por tanto, cambios estructurales y funcionales, acompañados de cambios en la conducta y  el desarrollo psicológico del niño. La experiencia de la interacción constante con el ambiente será un elemento básico que condicione el desarrollo cerebral.

En estos momentos, millones de células neuronales se multiplican ante la estimulación exterior, permitiendo grandes posibilidades de cambio y de avances ante cada experiencia.

Todo el material que el niño recibe a través de sus interacciones, será un vehículo que le permitirá transformar su estructura y organización cognoscitiva. Su desarrollo intelectual y sus patrones de personalidad vendrán precedidos o condicionados por la calidad de la relación de cada niño con su ambiente.

Áreas de intervención de programas terapéuticos de estimulación.

La estimulación temprana conforma una serie de prácticas que se ejercen en la relación diaria con el bebé o niño/a, incluso cuando éste aun no ha nacido, estableciendo una mayor estimulación "in útero", muy beneficiosa. Posteriormente, a través de estos procesos, los más pequeños comienzan a potenciar al máximo sus capacidades, optimizando todas sus áreas y ejerciendo una acción determinante en su fase de maduración.

 El contacto físico, la interacción y el juego son opciones naturales y necesarias  de estimulación. Las diferentes técnicas de aplicación y programas generales se adaptan siempre a las características personales de cada niño, y se atienden las distintas áreas de una manera específica y global.

Es importante conocer estas áreas para permitir que la intervención sea adecuada. 

El área socio-emocional establece la interacción del niño con el mundo que le rodea.
El área motora hace referencia a cualquier movimiento ejecutado. A través del área cognoscitiva, el niño conoce aquello que le rodea y organiza la realidad.
Por último, el lenguaje y la expresión a todos los niveles, conforman el área de la comunicación.

Cada proceso de intervención y contacto propicia una inserción del niño en su medio, incrementando su alegría y bienestar. Además, no debe olvidarse la mejora en la relación con sus figuras de apego. 

Las nuevas posibilidades siempre  son continuas, si bien, existe el peligro de querer sobrepasar determinados límites para que un niño, en su desarrollo sano y natural, supere sus tiempos de aprendizaje.  Estimular en exceso sin respetar la evolución normal y propia, puede llegar a  ser perjudicial o contraproducente para el desarrollo del niño. De ahí la importancia de aplicar intervenciones adecuadas a cada uno.

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