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Las diferentes formas de estimulación son siempre sencillas de aplicar, provocando sensaciones positivas de seguridad y bienesta en el bebé. Imagen: ugaldew |
Los
estímulos brindados en los 12 primeros meses tienen más impacto en el
crecimiento cerebral del niño que en cualquier otra etapa de la vida.
La
estimulación temprana ayuda a mejorar las habilidades motrices, cognitivas, y
adaptativas, así como las relacionadas con el lenguaje y la comunicación. Se
trata de acciones que proporcionan experiencias necesarias para el niño,
incrementando además, la relación afectiva entre el niño y sus padres.
Puede
estar dirigida a niños con desarrollo normalizado, desde su nacimiento
hasta los 6 años de edad, así como a niños con déficits en sus desarrollos. De
hecho, este conjunto de técnicas y cuidados son una opción primordial ante
casos de daños neurológicos o encefálicos.
Bases
neurofisiológicas
Durante
el primer año de vida, el Sistema Nervioso Central posee una plasticidad
especialmente llamativa. Los impulsos y las respuestas a los mismos provocan
efectos en el organismo. Cada aprendizaje implicará por tanto, cambios
estructurales y funcionales, acompañados de cambios en la conducta y el
desarrollo psicológico del niño. La experiencia de la interacción
constante con el ambiente será un elemento básico que condicione el desarrollo
cerebral.
En
estos momentos, millones de células neuronales se multiplican ante la
estimulación exterior, permitiendo grandes posibilidades de cambio y de avances
ante cada experiencia.
Todo
el material que el niño recibe a través de sus interacciones, será un vehículo
que le permitirá transformar su estructura y organización cognoscitiva. Su
desarrollo intelectual y sus patrones de personalidad vendrán precedidos o
condicionados por la calidad de la relación de cada niño con su ambiente.
Áreas
de intervención de programas terapéuticos de estimulación.
La
estimulación temprana conforma una serie de prácticas que se ejercen en la
relación diaria con el bebé o niño/a, incluso cuando éste aun no ha nacido,
estableciendo una mayor estimulación "in útero", muy beneficiosa.
Posteriormente, a través de estos procesos, los más pequeños comienzan a
potenciar al máximo sus capacidades, optimizando todas sus áreas y ejerciendo
una acción determinante en su fase de maduración.
El
contacto físico, la interacción y el juego son opciones naturales y necesarias de
estimulación. Las diferentes técnicas de aplicación y programas generales se
adaptan siempre a las características personales de cada niño, y se atienden
las distintas áreas de una manera específica y global.
Es
importante conocer estas áreas para permitir que la intervención sea
adecuada.
El área
socio-emocional establece la interacción del niño con el mundo que le
rodea.
El área
motora hace referencia a cualquier movimiento ejecutado. A través del área
cognoscitiva, el niño conoce aquello que le rodea y organiza la realidad.
Por
último, el lenguaje y la expresión a todos los niveles, conforman el área
de la comunicación.
Cada
proceso de intervención y contacto propicia una inserción del niño en su medio,
incrementando su alegría y bienestar. Además, no debe olvidarse la mejora en la
relación con sus figuras de apego.
Las
nuevas posibilidades siempre son continuas, si bien, existe el
peligro de querer sobrepasar determinados límites para que un niño, en su
desarrollo sano y natural, supere sus tiempos de aprendizaje. Estimular
en exceso sin respetar la evolución normal y propia, puede llegar a ser
perjudicial o contraproducente para el desarrollo del niño. De ahí la importancia de aplicar intervenciones adecuadas a cada uno.
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