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martes, 4 de noviembre de 2014

MEMORIAS QUE DUELEN. Terapia EMDR en el Trastorno Límite de Personalidad


Los sentimientos de vacío
pueden corresponderse a
la ausencia de sintonía
con el progenitor
durante su infancia.
Imagen: hortongrou
La acumulación crónica de múltiples traumas, el desarrollo de un apego inadecuado y diferentes negligencias parentales, pueden ser el origen del desarrollo del TLP.


La Terapia de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos oculares o EMDR surgió inicialmente como respuesta al tratamiento del trauma. Cierto es que en la actualidad, su aplicación se ha visto extendida a otras diversas patologías así como en la mejora del rendimiento deportivo, laboral o cualquier actividad creativa. Con independencia a esto, su elección ante el Trastorno de Estrés Postraumatico es evidente, y su eficacia empírica viene avalada por la gran cantidad de estudios realizados que la igualan o superan en eficacia a las terapias de orientación cognitivo-conductual.

A través de estas técnicas, el terapeuta dirige al paciente a recoger y conectar recuerdos del conflicto, para su posterior integración. Ante recuerdos de experiencias traumáticas o sucesos que han superado la capacidad natural de afrontamiento de la persona, puede suceder que tal información quede almacenada disfuncionalmente en nuestro cerebro. Al no existir una integración, las sensaciones físicas y emocionales acaban emergiendo y provocando toda la sintomatología ya conocida.

El acceso a estas memorias almacenadas disfuncionalmente es posible gracias a la estimulación bilateral dentro del contexto terapéutico, permitiendo un reprocesamiento de la información y alcanzando un estado adaptativo de las emociones, sensaciones y elementos cognitivos del hecho traumático. Es precisamente esta estimulación bilateral la que facilita una conexión entre la información grabada de forma disfuncional y el resto de redes neuronales.

Trauma y Trastorno Límite de la Personalidad

El Trastorno Límite de Personalidad se caracteriza por la gran inestabilidad, a todos los niveles (social,afectiva,laboral…), que muestra la persona afectada.

El origen del desarrollo de este tipo de personalidad parece encontrarse en la acumulación crónica de múltiples traumas, así como en el desarrollo de un apego inadecuado o negligencias parentales.

 Desde la perspectiva psicoanalítica, encontraríamos una escisión del yo y su proyección. Estas personas ven al otro como un objeto que ejerce una función de apoyo. La dependencia del objeto (persona) es tal, que su relación es basada en el control del mismo. Cuando la otra persona u objeto de apoyo está ausente, su angustia es lo suficientemente intensa como para volcar una gran agresividad sobre sí mismo y el otro, al mismo tiempo que desea ser salvado de su dolor y vacío.

Dolores Mosquera y Anabel González, exponen en el artículo Terapia EMDR en el Trastorno Límite de la Personalidad, publicado en la Revista Acción Psicológica, los diferentes criterios DSM (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales), en relación a la sintomatología TLP para la elaboración de un plan terapéutico con EMDR.

En relación a esto y de manera muy resumida, a continuación podrás leer las diferentes opciones terapéuticas en el marco de la terapia EMDR según cada criterio diagnóstico del TLP:

Criterio 1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario.

Desde la perspectiva del EMDR, se entiende la existencia de una información disfuncional activa. Se buscará por tanto, aquello que pueda ser el origen del desarrollo de la patología, como por ejemplo, una madre carente de sintonización adecuada con las necesidades del niño/a, y posterior persona con TLP.

Criterio 2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación.

Para trabajar con EMDR se buscarán las experiencias personales relacionadas con los mejores momentos vividos con su progenitor así como los recuerdos de daños traumáticos provocados por este. Se trataría de analizar ese apego desorganizado presente en su infancia y que ahora marca sus formas de actuación para poder identificar las conductas desadaptativas y aprender patrones adecuados de funcionamiento.

Criterio 3. Alteración de la identidad: auto-imagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable.

Ante esta sintomatología, se exploran con el paciente todos los recursos personales y características positivas de su personalidad. Establecer una diferenciación entre ellos  mismos y el mundo externo, así como analizar los fenómenos intrusivos de sentimientos o ideas experimentados a la vez como propios e impropios, será necesario. 

Criterio 4. Impulsividad en al menos dos áreas que son potencialmente dañinas para sí mimo (Ej.: gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida...)

En este caso, se buscarían aquellas experiencias situadas en la base de la conducta. Por ejemplo, para trabajar la rabia, habría que dirigirse  a los recuerdos de agresividad, amenazas o humillaciones sufridas a lo largo de la vida, despertando las reacciones emocionales que no se llevaron a cabo en ese momento.

Criterio 5. Comportamientos intensos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación.

Desde esta perspectiva se intentará entender el origen de los patrones de comportamiento y agresión creados, eliminando siempre el entendimiento de estas conductas como caprichosas o simples “llamadas de atención”. La autorregulación y la tolerancia de las emociones negativas será algo necesario a trabajar ante tales autolesiones, consideradas por ellos, menos dolorosas o más soportables que el dolor emocional. 

Criterio 6. Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (por ej.: episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y raras veces unos días)

El EMDR permitirá modificaciones en los patrones actuales de conducta relacionados con esas funciones y habilidades con características de reacción infantil y que durante todo el desarrollo de la persona, han permanecido “congeladas en el tiempo”. Estas reacciones infantiles suelen estar motivadas por aspectos encontrados en el trauma preverbal, producidos cuando la persona era demasiado pequeño/a para poder tener memoria biográfica. La hipersensibilidad también se da ante estímulos ambientales que recuerdan expresiones de la figura de apego en la infancia, de esta manera, un tono de voz elevado o un gesto diferente, dispara en el adulto reacciones desproporcionadas, o por el contrario, una reacción de bloqueo intensa, que más tarde generará un estado depresivo y de sentimiento de culpa.

Criterio 7. Sentimientos crónicos de vacío

Es posible que los sentimientos crónicos de vacío puedan corresponderse con la ausencia de sintonía con el progenitor. Este, al estar desbordado con sus propios conflictos, no es capaz de ver las necesidades del niño/a, de ahí que pacientes diagnosticados con TLP describan sus primeras experiencias vitales con sentimientos de vacío, momentos de soledad y de “sentirse invisibles”.  Desde el EMDR se trabajarán los recuerdos traumáticos que generen y alimenten estos síntomas.

Criterio 8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (por ej.: muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).

Muchos pacientes reproducen mediante estas reacciones los modelos de expresión disfuncional de la rabia con la que han crecido. Las oscilaciones entre actitudes de sumisión y episodios de rabia, guardan similitud con los roles de ambos progenitores durante su infancia. Adquirir una perspectiva de la conexión entre estas conductas y la historia del paciente, ayudarán a evitar una repetición automática y no reflexiva de estas conductas de ira.

Criterio 9. Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.


En ocasiones, detalles aparentemente insignificantes actúan como disparadores traumáticos relacionados con experiencias tempranas. De ahí la importancia de comprender de dónde viene el síntoma.  La reacción defensiva del paciente, la desconfianza desproporcionada o difícil de entender desde el “aquí y ahora”, será entendible cuando lo enmarquemos en el “allí y entonces”.

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