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Los sentimientos de vacío pueden corresponderse a la ausencia de sintonía con el progenitor durante su infancia.Imagen: hortongrou |
La acumulación crónica de múltiples traumas, el desarrollo de un apego inadecuado y diferentes negligencias parentales, pueden ser el origen del desarrollo del TLP.
La Terapia de
Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos oculares o EMDR surgió
inicialmente como respuesta al tratamiento del trauma. Cierto es que en la
actualidad, su aplicación se ha visto extendida a otras diversas patologías así
como en la mejora del rendimiento deportivo, laboral o cualquier actividad
creativa. Con independencia a esto, su elección ante el Trastorno de Estrés
Postraumatico es evidente, y su eficacia empírica viene avalada por la gran
cantidad de estudios realizados que la igualan o superan en eficacia a las
terapias de orientación cognitivo-conductual.
A través de estas técnicas, el
terapeuta dirige al paciente a recoger y conectar recuerdos del conflicto, para
su posterior integración. Ante recuerdos de experiencias traumáticas o sucesos
que han superado la capacidad natural de afrontamiento de la persona, puede
suceder que tal información quede almacenada disfuncionalmente en nuestro
cerebro. Al no existir una integración, las sensaciones físicas y emocionales acaban
emergiendo y provocando toda la sintomatología ya conocida.
El acceso a estas memorias
almacenadas disfuncionalmente es posible gracias a la estimulación bilateral
dentro del contexto terapéutico, permitiendo un reprocesamiento de la información
y alcanzando un estado adaptativo de las emociones, sensaciones y elementos
cognitivos del hecho traumático. Es precisamente esta estimulación bilateral la
que facilita una conexión entre la información grabada de forma disfuncional y
el resto de redes neuronales.
Trauma y Trastorno Límite de la Personalidad
El Trastorno Límite de Personalidad
se caracteriza por la gran inestabilidad, a todos los niveles (social,afectiva,laboral…),
que muestra la persona afectada.
El origen del desarrollo de este tipo
de personalidad parece encontrarse en la acumulación crónica de múltiples
traumas, así como en el desarrollo de un apego inadecuado o negligencias
parentales.
Desde la perspectiva psicoanalítica,
encontraríamos una escisión del yo y su proyección. Estas personas ven al otro
como un objeto que ejerce una función de apoyo. La dependencia del objeto
(persona) es tal, que su relación es basada en el control del mismo. Cuando la
otra persona u objeto de apoyo está ausente, su angustia es lo suficientemente
intensa como para volcar una gran agresividad sobre sí mismo y el otro, al
mismo tiempo que desea ser salvado de su dolor y vacío.
Dolores Mosquera y Anabel González,
exponen en el artículo Terapia EMDR en el Trastorno Límite de la Personalidad,
publicado en la Revista Acción Psicológica, los diferentes criterios DSM
(Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales), en relación a la
sintomatología TLP para la elaboración de un plan terapéutico con EMDR.
En relación a esto y de manera muy
resumida, a continuación podrás leer las diferentes opciones terapéuticas en el
marco de la terapia EMDR según cada criterio diagnóstico del TLP:
Criterio 1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o
imaginario.
Desde la perspectiva del EMDR, se
entiende la existencia de una información disfuncional activa. Se buscará por
tanto, aquello que pueda ser el origen del desarrollo de la patología, como por
ejemplo, una madre carente de sintonización adecuada con las necesidades del
niño/a, y posterior persona con TLP.
Criterio 2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado
por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación.
Para trabajar con EMDR se buscarán
las experiencias personales relacionadas con los mejores momentos vividos con
su progenitor así como los recuerdos de daños traumáticos provocados por este. Se
trataría de analizar ese apego desorganizado presente en su infancia y que
ahora marca sus formas de actuación para poder identificar las conductas
desadaptativas y aprender patrones adecuados de funcionamiento.
Criterio 3. Alteración de la identidad: auto-imagen o sentido de sí mismo
acusada y persistentemente inestable.
Ante esta sintomatología, se exploran
con el paciente todos los recursos personales y características positivas de su
personalidad. Establecer una diferenciación entre ellos mismos y el mundo externo, así como analizar
los fenómenos intrusivos de sentimientos o ideas experimentados a la vez como propios e impropios, será necesario.
Criterio 4. Impulsividad en al menos dos áreas que son potencialmente
dañinas para sí mimo (Ej.: gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción
temeraria, atracones de comida...)
En este caso, se buscarían aquellas
experiencias situadas en la base de la conducta. Por ejemplo, para trabajar la
rabia, habría que dirigirse a los
recuerdos de agresividad, amenazas o humillaciones sufridas a lo largo de la
vida, despertando las reacciones emocionales que no se llevaron a cabo en ese
momento.
Criterio 5. Comportamientos intensos o amenazas suicidas recurrentes, o
comportamiento de automutilación.
Desde esta perspectiva se intentará
entender el origen de los patrones de comportamiento y agresión creados,
eliminando siempre el entendimiento de estas conductas como caprichosas o
simples “llamadas de atención”. La autorregulación y la tolerancia de las
emociones negativas será algo necesario a trabajar ante tales autolesiones,
consideradas por ellos, menos dolorosas o más soportables que el dolor emocional.
Criterio 6. Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del
estado de ánimo (por ej.: episodios de intensa disforia, irritabilidad o
ansiedad, que suelen durar unas horas y raras veces unos días)
El EMDR permitirá modificaciones en
los patrones actuales de conducta relacionados con esas funciones y habilidades
con características de reacción infantil y que durante todo el desarrollo de la
persona, han permanecido “congeladas en el tiempo”. Estas reacciones infantiles
suelen estar motivadas por aspectos encontrados en el trauma preverbal,
producidos cuando la persona era demasiado pequeño/a para poder tener memoria
biográfica. La hipersensibilidad también se da ante estímulos ambientales que
recuerdan expresiones de la figura de apego en la infancia, de esta manera, un
tono de voz elevado o un gesto diferente, dispara en el adulto reacciones
desproporcionadas, o por el contrario, una reacción de bloqueo intensa, que más
tarde generará un estado depresivo y de sentimiento de culpa.
Criterio 7. Sentimientos crónicos de vacío
Es posible que los sentimientos
crónicos de vacío puedan corresponderse con la ausencia de sintonía con el
progenitor. Este, al estar desbordado con sus propios conflictos, no es capaz
de ver las necesidades del niño/a, de ahí que pacientes diagnosticados con TLP
describan sus primeras experiencias vitales con sentimientos de vacío, momentos
de soledad y de “sentirse invisibles”. Desde el EMDR se trabajarán los recuerdos
traumáticos que generen y alimenten estos síntomas.
Criterio 8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la
ira (por ej.: muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas
físicas recurrentes).
Muchos pacientes reproducen mediante
estas reacciones los modelos de expresión disfuncional de la rabia con la que
han crecido. Las oscilaciones entre actitudes de sumisión y episodios de rabia,
guardan similitud con los roles de ambos progenitores durante su infancia.
Adquirir una perspectiva de la conexión entre estas conductas y la historia del
paciente, ayudarán a evitar una repetición automática y no reflexiva de estas
conductas de ira.
Criterio 9. Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o
síntomas disociativos graves.
En ocasiones, detalles aparentemente
insignificantes actúan como disparadores traumáticos relacionados con
experiencias tempranas. De ahí la importancia de comprender de dónde viene el
síntoma. La reacción defensiva del
paciente, la desconfianza desproporcionada o difícil de entender desde el “aquí y ahora”, será entendible cuando lo enmarquemos en el “allí y entonces”.
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