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miércoles, 2 de diciembre de 2015

TDAH EN ADULTOS. ¿Infradiagnosticado e incorrectamente tratado?

Imagen: Guasor
"En el TDAH juegan un papel fundamental
la maduración cerebral y el neurodesarrollo"

Alteraciones en la adaptación social, problemas laborales, interpersonales y emocionales significativos.

Durante mucho tiempo, la investigación del TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), fue centrada en la infancia, disminuyendo su atención a las manifestaciones en personas adultas. 

Muchas evidencias e investigaciones han permitido sustentar la validez del mismo en la edad adulta, y con ello, un avance en las prácticas clínicas y terapéuticas ante muchos pacientes. Incluso, un reciente estudio indica que ciertos casos de sintomatología TDAH en el adulto no se corresponde con el padecimiento del mismo en la infancia. 
En términos comunes, la vida de una persona con TDAH sin diagnosticar y sin tratar, podría resumirse a través de la palabra "caos", quedando la inatención, la impulsividad y la hiperactividad propias de la infancia reflejadas en problemas laborales, familiares, de pareja, una alta frecuencia de accidentes, conflictos relacionales, adicciones e incluso problemas legales, en la edad adulta. 

Muchos pacientes demandan ayuda informando síntomas depresivos, cuadros de ansiedad, o estados de confusión. La persona llega a terapia con una carga de incomodidad emocional después de años y años sobreviviendo sin la comprensión de la razón de sus contratiempos y conflictos.
El error del profesional puede  comenzar en el hecho de obviar la posibilidad de un TDAH ante determinados síntomas, centrándose en aquello que verbaliza el paciente de una manera acusada.  Cuando esto ocurre, los avances en la vida del paciente pueden mejorar superficialmente al calmar síntomas, si bien, la causa originaria sigue presente y con ello la imposibilidad del cambio adecuado.

Detectar acertadamente.

La evaluación del TDAH en personas adultas requiere la integración de datos clínicos que permitan una adecuada realización del diagnóstico. Para ello es importante conocer los síntomas propios del mismo evitando equívocos con otros estados comórbidos .
Una amplia historia clínica del paciente, cuestionarios y escalas de síntomas, análisis desde una perspectiva neuropsicológica y una evaluación de la comorbilidad, son pautas a seguir para ofrecer la mejor solución al paciente, siendo importantes la combinación de medicación y terapias psicoterapéuticas.
A partir de aquí, el proceso de reestructuración interna y externa de la vida del paciente comenzará a darse con mayor fluidez.





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