Llegar a comprender el trance de la muerte es algo esencial para completar la realización de uno mismo. La tanalogía (campo del conocimiento centrado en el estudio de la muerte) es “un medio importante para afirmar el valor y el amor de la vida” (Moller).

A finales del s.XX hay un cambio de actitud gracias al trabajo pionero de Elizabeth Kubler-Ross, doctora que pudo entrevistar a moribundos en hospitales. Esta doctora descubrió la importancia de informar al paciente sobre su enfermedad, ya que ocultar la verdad al paciente provoca un aumento del aislamiento y el dolor, propio y de los familiares. En otros casos, se comentaba al paciente y a la familia la probabilidad de la muerte de un modo brusco sin lugar a la esperanza. En otras ocasiones, se ocultaba la verdad hasta el último momento y no se dejaba tiempo al moribundo para poner en orden sus asuntos o despedirse amorosamente de sus familiares.
Existen 5 fases emocionales:
1-negación;
2-enfado
3-negociación
4-depresión
5-aceptación (muerte, no final, sino transición)
La edad de la persona moribunda también influye en cómo se siente. Los niños, al no comprender el concepto de la muerte se sienten contrariados. Un niño moribundo necesita compañía y que se le conforte de forma constante. Los adolescentes suelen centrarse en cómo influye la enfermedad en su aspecto y en sus relaciones sociales. Las personas maduras intentan asegurarse que otros se harán cargo de sus obligaciones y las personas mayores aceptan con más facilidad la muerte.
AYUDAR A OTROS A MORIR
Cuidado paliativo: cuidado que alivia el sufrimiento y salvaguarda la dignidad.
Eutanasia pasiva: práctica por la que se permite morir a una persona que rechaza recibir algun procedimiento o medicamento que le mantenga con vida.
Suicidio asistido: los medios que provocan la muerte los aporta una segunda persona.
Eutanasia Activa: Práctica por la que un sujeto realiza una acción intencionada destinada a provocar la muerte de una persona que sufre.
EL DUELO
Últimamente se ha convertido en algo privado y menos emocional, privatizando y ocultando su expresión. Resultado: aislamiento y enfermedad física. El dolor que no se expresa perjudica a la persona y al resto, especialmente a los niños. Las personas mayores son más vulnerables a la sobrecarga de aflicción: estado emocional que puede presentar una persona que experimenta el fallecimiento de varios seres queridos en un periodo de tiempo corto y que es incapaz de aceptar la muerte del primero antes de tener que llevar luto por el segundo.
"La muerte, cuando se acepta, el dolor, cuando se permite su expresión, y el duelo, cuando conduce a la recuperación, añaden sentido al nacimiento, al crecimiento y al desarrollo, así como a todas las relaciones sociales".
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