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El estrés es una respuesta del organismo bastante temida, pero la realidad es que sin él no hubiésemos podido sobrevivir Imagen: bigevil600 |
La rutina diaria, los problemas familiares y laborales, la falta de tiempo, el tráfico etc son factores causantes de estrés, sin embargo no son los problemas mismos los que nos provocan malestar sino la reacción que tenemos frente a ellos.
El ser humano, desde sus orígenes y hasta el día de hoy, se encuentra preparado para reaccionar ante situaciones inesperadas. Frente a tales circunstancias la química del cuerpo se modifica, el corazón se acelera, cada sentido se pone en alerta y los músculos se preparan para atacar o huir.
El estrés en sí no es malo, forma parte del ser humano y en bajas dosis nos ayuda a hacer las cosas.
La prisa, la aceleración, la urgencia de la vida moderna en la que parece nos vemos sumergidos, pueden provocar situaciones de estrés sucesivas manifestadas en nuestro cuerpo de forma permanente. Es extraño que el ritmo de vida actual no desencadene estados de tensión y malestar que pasen factura. Nuestros estilos de vida provocan que el organismo se vea afectado y aunque hablar de estrés sea algo bastante normal, no puede decirse lo mismo acerca de los recursos psicológicos utilizados para paliar estas situaciones.
Una buena salud mental es fundamental para movilizar todo nuestro potencial y mejorar el bienestar. Y es que no son los problemas o las situaciones las que nos causan malestar sino las reacciones que tenemos frente a ellos. Los problemas no van a modificarse ni desaparecer, pero nuestra actitud frente a ellos si puede ser cambiada.
El estrés es una respuesta del organismo bastante temida, pero la realidad es que sin él no hubiésemos podido sobrevivir. Como detector de información amenazante, nuestro cerebro genera hormonas del estrés para proporcionarnos la energía que sea necesaria y poder actuar ante la situación que se nos plantea. Sin embargo, cuando la actitud y la reacción ante las situaciones diarias son percibidas como hostiles, los desequilibrios metabólicos, las patologías y los distintos trastornos van a comenzar a ser los protagonistas de nuestro cuerpo en forma de enfermedades psicosomáticas.
Conocer el estrés, observar e identificar las emociones que nos provoca para poder ir adaptando nuestras reacciones a un nivel más beneficioso, creará un perceptible cambio en nuestro propio organismo y en nuestra propia visión de las circunstancias.
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