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Mejor afrontar el peligro que eternizar el miedo. Imagen: Lusi |
Construir escalones a partir de las piedras con las que tropezamos. Toda crisis permite un cambio, una ocasión para mejorar y un nuevo aprendizaje.
A veces, los momentos de mayor lucidez vienen de la mano de la insatisfacción. La misma que empuja a abandonar el camino empedrado por el que transitamos. Momentos que impulsan a dejar atrás hábitos, maneras de proceder y puntos de vista que limitan e impiden obtener lo mejor de cada situación. Momentos en los que, a pesar de todo, se encuentran las respuestas más certeras y oportunas.
Cada día de nuestra vida ofrece un nuevo aprendizaje. Cada instante invita a la creación, mejorando constantemente la propia versión de cada uno.
Como si de un guión establecido se tratara, vivimos casi siempre atendiendo a las circunstancias que nos pauta el exterior. Pero debajo de ese guión, existe la posibilidad de atender o no a las enseñanzas de cada acontecimiento. No suelen reconocerse todas las oportunidades presentes, lo que provoca que cada persona solo viva expresando lo más pequeño de sí mismo, olvidando y descuidando todo su potencial. Algunas personas son incluso expertas en bloquear su propio camino y cuando la "crisis" se hace evidente, la sensación de ahogo y desesperanza toman un protagonismo constante.
Lo curioso es que en algunos idiomas orientales, el concepto de "crisis" es el mismo que se emplea para expresar la palabra "oportunidad". Considerar muchos problemas de la vida como puertas abiertas a los cambios positivos será el primer paso para generar beneficios a uno mismo.
En toda crisis hay que reflexionar, practicar la introspección y encontrar el mensaje que brinda cada situación. Trabajar sobre lo aprendido y ser un ejemplo de gestión y superación de cada problema. "¿Qué puedo aprender de mis problemas ahora?" Esa es la pregunta a plantearse, y que cada uno obtenga la respuesta pertinente, superando cada reto de la forma más enriquecedora posible.
"Cuando mi sufrimiento se incrementó,
pronto me di cuenta de que había dos maneras
con las que podía responder a la situación:
reaccionar con amargura o transformar
el sufrimiento en una fuerza creativa.
Elegí esta última."
Martin Luther King
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