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La mente se va llenando de aquello que percibe, busca y padece. Es el origen de lo que somos y la causa de muchos sufrimientos Imagen: bertvthul |
Solemos querer alcanzar la felicidad buscándola en el exterior, en el placer de los sentidos y tarde o temprano acabamos en el camino contrario al que pretendíamos, un camino lleno de frustraciones, miedos y descontento.
Alcanzar una mente satisfecha, contenta y en paz es importante. No se trata de una mente satisfecha tras haber sido llenada de placeres y deseos externos. Se trata de una satisfacción basada en la valoración de todo aquello que poseemos, por pequeño e insignificante que pueda parecer. Aquello que tenemos y que podemos ofrecer a los demás. Hacer uso del servicio gratuito, el ofrecimiento y la ayuda al prójimo, obteniendo como resultado inevitable más satisfacción que cualquier placer egocéntrico pueda proporcionar. Mientras tanto, hay que darle un uso favorable a la mente. Servirse de ella como aliada y no como enemiga.
La mente, entendida como ese mundo interno que todos poseemos, también es proyección y reflejo de lo que cada uno busca. La mente se va llenando de aquello que percibe, busca y padece. Es el origen de lo que somos y la causa de muchos sufrimientos y deseos anhelados.
Vivimos en la sociedad del bienestar, de los nuevos avances y de las tecnologías que facilitan el día a día, y sin embargo predomina una apatía generalizada. Estados depresivos, preocupaciones, miedos o frustraciones como consecuencias de mantener la mente ausente y distraída siempre en la obtención de falsas necesidades. La falta de interés en la vida, la desgana, el aburrimiento... son en muchas ocasiones manifestaciones de una mente abandonada o no encauzada correctamente en lo que realmente se necesita. El cuidado o abandono de la mente es el origen de la estabilidad o de la enfermedad.
En medio de las prisas, los horarios y responsabilidades, poco común es parar a pensar realmente en lo "urgente" de las cosas a las que se da prioridad..Valorar mejor quellas imposiciones externas e internas que toman protagonismo cada día, colocándose en la lista de lo inmediato, de lo que hay que hacer, de lo que urge. Producir, generar...y al final lo "urgente" se convierte en "sin sentido".
Se olvida lo esencial. Prima lo "urgente" frente a lo "importante". Y lo importante se acaba dejando para los momentos libres de urgencias cotidianas. Se olvida de la importancia del cuidado a uno mismo, del autoconocimiento y de la atención a la propia mente. Hoy en día, para muchas personas, ese mundo interior es algo que está ahí, en cada uno de nosotros pero que poco o nada se hace por conocer o cuidar.
No conocemos nuestro interior, pero de él van emergiendo síntomas. Falta de motivación, tristeza, desgana... en el fondo no son más que avisos que ofrece el interior a través del cuerpo sobre eso que no estamos haciendo bien.
¿De qué nos estamos llenando?
Cuidamos todo aquello que brinde placer, comodidad, éxito, dinero. Comemos, gastamos y disfrutamos, y entre tanta distracción, no hay tiempo para dedicar a uno mismo, a la mente,al interior.
Muchas personas tienen miedo de encontrarse con ellos mismos, tienen miedo de tener que enfrentarse con su esencia porque eso mismo les obligaría a cambiar el rumbo de una vida acomodada en creencias y preferencias erróneas. Se teme a lo esencial de cada uno y se evita muchas veces la cuestión fundamental, clave de nuestra vida aquí, ¿quién soy y dónde voy?, y haciendo caso omiso a aspectos tan fundamentales como estos, lo único que llegará a nuestra vida será la frustración, el desengaño y la desilusión. Y detrás de ello, la enfermedad mental.
"Y seguimos huyendo, cada vez más lejos, hasta el olvido por el alcohol, la droga o el sexo divertido cuando se puede. Mientras se desea y se busca, no se piensa en otra cosa y la mente sufre de abandono porque el cuerpo está fuera queriendo disfrutar del espectáculo. Depresión, neurosis, gritos, todo lo que creemos es una enfermedad del cuerpo y lo tratamos con medicamentos, es consecuencia de no haber tenido en cuenta que la mente del hombre es algo más que un producto físico-químico del organismo. Y hasta los médicos, educados en un concepto mecánico del cuerpo, cometen el error de tratarnos sin respeto al alma que tienen por delante".
(Francisco serra)
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