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No requieren tratamiento a no ser que sean muy molestas. Imagen: Segunda versión de La pesadilla efectuada por Johann Heinrich Füssli |
Provocan ansiedad y angustia pero ofrecen la oportunidad de enfrentar el aspecto temido.
Las pesadillas son sueños cargados de terror y ansiedad. La propia palabra hace referencia a esa sensación de pesadez y agobio que provocan, y a no ser que exista una cierta lucidez en el sueño, el organismo no suele diferenciar realidad de irrealidad. Por muy absurdo que pueda resultar el sueño, las emociones y las reacciones del sistema nervioso son vividas y experimentadas como reales. De ahí que las pesadillas no solo provoquen sensación de temor y angustia durante el sueño y su despertar, sino que puedan causar también sensación de cansancio diurno o somnolencia por la falta de sueño reparador en la noche.
Las pesadillas son bastante frecuentes en la infancia, también en la adolescencia. Según investigaciones, este tipo de sueños predomina especialmente en los niños menores de 6 años (10-50%). Suelen ser mucho menos frecuentes e intensas en personas adultas, aunque para algunas de ellas, las pesadillas mantienen la misma intensidad durante toda la vida.
Un reciente estudio proveniente de la University of the West of England ha afirmado que las mujeres tienen más pesadillas que los hombre y que sus sueños contienen más emociones negativas relacionadas especialmente con desgracias familiares (Jennie Parker).
Este tipo de ensueños suelen predominar tras el suceso de cualquier evento traumático, cuando hay fiebre, situaciones de estrés, conflictos sin resolver y preocupaciones. También tras la ingesta de alcohol o fármacos.
Cuando una persona bebe alcohol antes de dormir, existe una ausencia de sueño REM que como efecto rebote acaba apareciendo de forma más tardía, intensa y cargada de imágenes y sueños poco agradables.
La suspensión de algunos fármacos como antidepresivos o benzodiacepinas también pueden provocar pesadillas durante el sueño.
Independientemente de todo esto, en muchas ocasiones y a pesar de no encontrar un motivo aparente que provoque la pesadilla, suelen existir acontecimientos vitales que van infiltrando temores en nuestra mente.
Cualquier tipo de miedo puede ir construyendo el guión de cada pesadilla, y la ansiedad experimentada en cada una de ellas podrá estar señalando la ausencia de adaptación ante cualquier conflicto consciente o inconsciente vivido.
¿Cómo afrontar aquello a lo que se teme?
Los peores miedos acaban cobrando vida en los sueños. Podemos huir de aquello que nos persigue, acabar acorralados o terminar despertando sobresaltados y angustiados. En la vida real es posible afrontar aquello que provoca malestar, pero no suele ser tan sencillo. En muchas ocasiones, conocer la causa generadora de las pesadillas durante la noche, no implica la desaparición de las mismas, al igual que conocer la causa de nuestros miedos tampoco implica que el temor desaparezca.
En general, los temores y las fobias acaban desapareciendo cuando la persona se enfrenta y acerca a aquello que le produce temor. De esta manera se comienza a aprender que la sensación de ansiedad y angustia no suponen peligros reales, y que tras una habituación de los estímulos temidos, la sensación de miedo acaba siendo eliminada. El primer paso para solucionar una situación conflictiva es ser consciente de la misma y poder tomar la responsabilidad de enfrentarse a la misma emprendiendo acciones adecuadas. En los sueños ocurre lo mismo.
A pesar de la sensación de falta de control de los sueños, existe la posibilidad de entrar en un estado de conciencia o lucidez dentro del propio guión onírico. Dejar de huir del monstruo que nos persigue, mirarle a la cara y cambiar completamente la escena terrorífica por otra mejor, permite el enfrentamiento del miedo en el propio sueño. Cuando esto sucede, la persona ve reflejado en imágenes la auténtica solución a esos conflictos, y el temor acaba siendo sustituido por la sensación de seguridad.
En la vida diaria como en los sueños, la ansiedad latente acaba por señalar y dirigir la búsqueda de soluciones al ser consciente el individuo de esa necesidad a enfrentar. Si los temores no se combaten crecen e invaden más ámbitos de la propia vida. Ya sea en la realidad como en los sueños, la mejor opción será afrontar aquello que atemorice, elaborando estrategias y corrigiendo todo aquello que aproxime al mejor desenlace. Enfrentarse a los miedos para evitar que siga ganando terreno. En cada despertar intenta recordar tus sueños, ¿qué aparece en ellos? ¿qué información te ofrecen?. Las respuestas serán de gran utilidad.
¡Dulces sueños! ...
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