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Imagen: Pintura africana. "Es el agua lo que hará de Nahla, una mujer feliz". |
Lúcidos,
raros, imposibles, premonitorios. Existen multitud de sueños, y Nahla, pasa
las horas soñando.
Sueña despierta. Abiertos los ojos y dormidos los
miedos, Nahla no canta, no vacila, no se queja. Sus dolores son el eco del más
profundo silencio.
Ya no llueve en el Chad, y sin embargo Nahla
camina mojada, ahogada en su propio sudor y sumergida en sus pensamientos. El mantón de percal atado a su espalda
sostiene a Sindu, que dormido no reacciona a pesar del “en ocasiones”
ajetreado caminar de su madre. A Sindu le sonríe la suerte. Gran hazaña por su
parte la de no perecer en su primer año de vida, cosa tan habitual en las
distintas partes del continente Africano.
Aunque quizás sería más correcto otorgar los honores de tal peripecia a Nahla. Las otras
opciones diferentes a superar con sus rutinas el día a día son inviables, por
ello, Nahla camina todas las mañanas. Emprende el viaje del agua con la
esperanza de poder apagar su sed y la del niño que lleva a cuestas. En su
cabeza, una palangana, y en su mano derecha otro pequeño barreño. Con suerte
podrá utilizar parte del agua para cocinar alguna verdura al final del día. El
precio a pagar no es mucho...”sólo” 14 kilómetros a pie
por la sofocante estepa subsahariana.
Si el cielo se dignase a ofrecer algo de lluvia
las cosas serían un poco diferentes. Nahla podría obtener el agua en el pozo de
su aldea y el tiempo invertido en el viaje sería dedicado a otros menesteres,
ya que ni el hambre, ni la malaria, ni la guerra separan a Nahla de su
cometido. Mientras tanto, Nahla sueña lo mismo todos y cada uno de los días.
“Mi hijo beberá agua potable” y es entonces cuando una fuerza inexplicable
surge de ella como si de una gran corriente de agua se tratase. Donde unas
potentes olas se dirigen a una orilla y Nahla no hace otra cosa que dejarse
llevar, dejarse arrastrar.
Hay tantas cosas en la vida, tantas aspiraciones
imposibles, tantas cosas que se desean y a veces no se
consiguen, y sin embargo Nahla sigue intentándolo. Busca lo que no espera
hallar, pero esa búsqueda sí le merece la pena.
Algún día lloverá, y ese día Nahla, dejará de
soñar por un mísero instante. Ese día Nahla, cantará bajo la lluvia. Porque es
el agua el noventa por ciento de su cuerpo. Y es el agua lo
que hará de Nahla, una mujer feliz.
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