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Imagen: Lusi Cuando no hay interrupciones, las situaciones nuevas emergen sin el peso de temas pendientes. |
Cuando una persona se da
cuenta de lo que hace y cómo lo hace, está capacitada para cambiar su conducta.
Configuración, forma,
figura, totalidad...La palabra gestalt se ha traducido de diferentes
maneras.
Es en el siglo XX y en
Alemania, cuando la psicología gestalt o psicología de la forma, emerge como
una corriente moderna en la que se explican distintas leyes relacionadas con la
percepción, la memoria, el aprendizaje o la resolución de problemas.
Aunque pueda haber
confusión, debe aclararse que la psicología de la Gestalt no es lo mismo que la
psiocoterapia gestalt. Esta última corresponde a una teoría fenomenológica
existencial creada por Fritz Perls y su mujer Laura Perls en los años 40, a
partir de una revisión del psicoanálisis.
Perls, psiquiatra y
psicoanalísta de la época, introdujo el concepto de motivación en la percepción
de la Teoría de la Gestalt, dándo lugar a la Psicoterapia gestaltica. Comenzaba
a ofrecer de esta manera, una visión integrada del cuerpo y de la psique, ambos
entes considerados hasta entonces como algo separado y sin relación. Pasaba así
el ser humano a ser tratado como una totalidad y unidad.
Regresando al concepto
clave, la gestalt sería aquella forma que sobresale claramente en un campo
determinado. Lo más difuminado y lejano de nuestra conciencia sería el fondo, y
la figura por tanto, la parte del campo que sobresale.
Este tipo de conceptos
los podríamos trasladar a la vida cotidiana conociendo que las personas no
percibimos las cosas como entidades aisladas y sin relación, sino que las
organizamos mediante un proceso perceptivo, inconsciente y personal
(totalidades con significado).
Lo que da lugar a
una percepción organizada suele depender del propio interés personal y que la
figura domine en el plano de la conciencia puede deberse a los sentimientos
ligados a la misma. ¿Qué le sucedería a una persona con algún tipo de
dependencia? Probablemente su adicción o su necesidad (contraproducente) se
convierta en figura, siendo el fondo todo lo demás.
Actualmente, parece muy
común que las personas confundan deseos con necesidades, creando una confusión
entre ser y tener o ser y aparentar, tratándose más bien de
necesidades que responden a intereses externos.
Es aquí cuando el
terapeuta gestáltico entra en juego, observando qué es lo que el paciente
espera, siente o evita con su conducta.
Estar en contacto con
nosotros mismos, dándonos cuenta de lo que realmente sentimos y deseamos, será
el primer paso para la integración.
Restableciendo el
contacto
Entender más el concepto
de gestalt nos permitirá ver esa relación entre sujeto y objeto (persona, cosa,
sentimiento...) a la que se hace referencia. Esa relación se determina por una
necesidad de la persona, quien tiende a la satisfacción de la misma. Entre los
elementos que configuran nuestra realidad, existen y emergen multitud de
necesidades que nos empujan a movernos para satisfacerlas, ya sea desde una perspectiva
de atracción, o desde la perspectiva del rechazo.
La manera más coherente y
sana de elegir entre las necesidades responderá a aquellas relacionadas con la
supervivencia y la autorrealización, pero cuando de forma continua estas
necesidades no se satisfacen, la enfermedad puede comenzar a abrirse camino.
¿Qué sucede con los
fenómenos que interfieren entre la persona y el contacto con su entorno? Cuando una persona
interrumpe una gestalt, deja un proceso abierto que tiende a cerrarse. Con la
acumulación de procesos inacabados, la persona queda enganchada a las
necesidades insatisfechas, creándose una desconexión con el presente y un
alejamiento de la realidad.
Interrupciones del ciclo
Las interrupciones del
proceso pueden incluir maneras de relación con el mundo y con uno mismo, así como formas de evitar el
contacto o no hacerse responsable de las necesidades propias. En el fondo, son
mecanismos de defensa inconscientes que tienen la finalidad de sustraernos al dolor
de ser rechazados y cuyo origen reside en comportamientos de la
infancia, adecuados en su momento, pero que ahora, en la edad adulta,
dificultan el desarrollo normal del ciclo de la experiencia.
Las fases del ciclo
incluyen:
1- Fase de sensación,
necesidad…
2- Fase de conciencia,
interpretación de esas necesidades.
3- Fase de energetización,
necesaria para emprender la acción que permita el cumplimiento de la misma.
4- Fase de acción o
interactuación constructiva.
5- Fase de contacto con la
persona u objeto que satisface la necesidad.
6- Fase de satisfacción o
realización, unida a la percepción de satisfacción, serenidad, equilibrio o
solución del problema.
Cuando la interrupción se
da entre la retirada y la sensación, la persona no percibe su necesidad y no
responde a las llamadas que su cuerpo le comunica. Este tipo de interrupciones
suele darse en estados de mayor gravedad como puede ser una psicosis.
Cuando la interrupción se
da entre la sensación y la conciencia, son las sensaciones las que no se comprenden, como por ejemplo un dolor
muscular provocado por tensión, preocupación o conflicto, que se relaciona con
un golpe o mala postura.
La interrupción entre la
energetización y la acción se da cuando no se lleva a cabo una acción correcta
o adecuada para cerrar el ciclo. Cuando es entre la acción y el contacto, ese
contacto se da manera inadecuada, propio por ejemplo, de personas histriónicas
con necesidad de ser el centro de atención, dramatizar, mentir o mostrarse
sexualmente sugerentes en casi todo momento.
La interrupción entre
contacto y realización impide el sentimiento de satisfacción tras llevar a cabo
la acción, como por ejemplo cuando nos esforzamos en hacer una tarea y al
concluirla seguimos pensando en lo mal que está hecha (estando bien). Hay una
ausencia de sentirse merecedor de esa satisfacción.
Por último, la
interrupción entre realización y retirada, se puede dar por la prolongación del
contacto tras la satisfacción de la necesidad. La persona no identifica las
señales ajenas ni las suyas propias de satisfacción. Suele darse en personas
dependientes o en aquellas que invaden en exceso la intimidad ajena, bajo la
necesidad de cariño u otras demandas.
Además, en estas fases
del ciclo, los mecanismos de defensa, anteriormente comentados, se reflejan en
forma de:
-
Proyección: cuando la persona atribuye a los demás sus propios
sentimientos y deseos, sin ser consciente de que lo que le está atribuyendo al
otro le pertenece a él. Por ejemplo, una
persona puede creer conocer muy bien intenciones o gustos ajenos, cuando en
realidad, todo eso que cree conocer del otro, es un sentimiento propio que no
reconoce.
-
Introyección: en este caso, y al contrario de la proyección, con
la introyección, la persona se hace responsable de lo que ha sucedido en el ambiente.
Incluye la incorporación de patrones y modos de pensar y actuar impropios a
nosotros mismos. Lo que en la infancia puede ser un mecanismo de aprendizaje,
en la edad adulta puede convertirse en una neurosis.
- Retroflexión: en este caso la persona se vuelve el blanco de la “agresión”.
Puede adquirir la forma de la compulsión, sentimientos de inferioridad o
síntomas corporales como dolores de cabeza por tensión, afecciones de garganta
etc., encubriendo todas sus formas algún aspecto de represión.
- Deflexión: cuando existe un miedo a la situación o a las personas
con las que se encuentra, mostrándose habladora pero vacía, o por el contrario
en silencio o marcando la distancia. Hay una evitación en la implicación, en el
fondo una ausencia de contacto, esquivando el tocar y ser tocado.
-
Desvalorización: se da al no valorar la experiencia que ofrece el
contacto, llegando a la pérdida del disfrute de las cosas buenas. La prisa es
un ejemplo de satisfacción de una necesidad si el disfrute que pueda implicar
el hecho en sí.
-
Confluencia: Se da cuando la persona y el ambiente se confunden.
La persona no identifica límites entre el ambiente y él mismo. Esto puede
identificarse en personas manipuladoras o exigentes con el resto, pretendiendo
que los demás hagan lo que ellos quieren. Hay confluencia en las relaciones en
las que exite dependencia e idealización.
-
Desensibilización: existe un corte ante la reacción de estímulos
sensibles. Una forma de anestesiar la sensibilidad.
-
Egotismo: se trata de una sensibilización hacia los intereses
ajenos. Las sensaciones están tan centradas en uno mismo, que la persona es
incapaz de identificar la realidad ajena. En este caso, el proceso terapéutico
permite el aprendizaje de un amor autentico hacia uno mismo, junto con la
presencia de las necesidades ajenas.
En la terapia gestáltica,
el darse cuenta de todas estas posibles situaciones e interrupciones del ciclo,
permitirá la toma de conciencia de muchos comportamientos y sentimientos, modificándose
por tanto, muchas de las realidades propias, creando además nuevas acciones,
contactos y relaciones sanas, con uno mismo y con el resto.
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