Comienza a estar “de moda” hablar
de Acoso Escolar. Esta temática ya es recurrente en diferentes centros educativos, en los Medios de Comunicación y en
los espacios de debate generados para tratar temas de interés y actualidad.
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"Una respuesta adecueda previene el incremento del conflico" Imagen: Jorge Edgardo Lezama |
Si bien, este auge de discusión
acerca de la realidad del Bullying, responde a una situación certera que
refleja situaciones habituales de acoso, agresión, faltas de respeto e
indiferencia de algunos jóvenes hacia otros.
Está bien hablar de acoso
escolar. Es una forma de visualizar algo real que ha ocurrido siempre y que en
pos de reducirse, los datos nos indican que crece y aumenta cada vez más.
Ahora además, con un plus
añadido. Las nuevas tecnologías usadas, por supuesto, de manera incorrecta,
generan un daño mayor a la víctima al permitir una rápida difusión de imágenes,
vídeos, mensajes de intimidación, insultos o rumores falsos.
El Congreso de Creatividad e Innovación Educativa, Braining2016,
dio cabida a diferentes y diversos temas de interés educativo. Entre todas las
ponencias, Angela Serrano, Representante de la UNESCO en España en temas de
Acoso Escolar, destacó la realidad del bullying desde una perspectiva más
profunda.
Una reflexión que incita a tener
en cuenta ciertas variables que influyen en la razón de ser de un
comportamiento violento, o en el estado de indefensión aprendida que adquiere
un niño/a que constantemente recibe algún tipo de agresión.
La violencia como comportamiento
social aprendido, que puede representar al mismo tiempo el desajuste personal y
social del propio agresor, y la violencia como síntoma que demanda atención e
intervención. Por otra parte, la
necesidad de intervenir ante aquello que nos indique que “algo” está
sucediendo, es decir, tanto el alumno agresor, como el alumno víctima,
constantemente nos mostrarán señales más o menos evidentes de la situación que
puedan estar viviendo.
“La intervención educativa comienza en el conocimiento del alumno”
Las intervenciones actuales
identifican que las intervenciones más eficaces van unidas a la identificación
temprana de conductas que no encajan en el desarrollo del menor. Los estudios suelen
poner de manifiesto que el perfil de los menores que presentan conductas
violentas suele ser de la siguiente manera:
Se trata de Personalidades
fuertes.
Tendencia a ser pseudo líderes
(es decir, pueden dirigir acciones que quebranten las normas escolares).
Tendencia a controlar a sus compañeros “secuaces”.
Impulsivos.
Con distorsiones en
la interpretación de la realidad.
Rencorosos y vengativos.
Muestran poca empatía
hacia el sufrimiento de otros.
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Imagen: Congreso Braining2016. #Valencia |
A menudo se muestran
desafiantes y agresivos con los adultos, incluidos los padres y profesores.
Comportamientos disruptivos que se repiten crónicamente.
A menudo participan
en otras actividades antisociales.
Conductas precoces de
consumo de alcohol y drogas.
(Baya 2009)
Detectar conductas llamativas
permite intervenir para solucionar y evitar el agravamiento del problema. Los
conocimientos y la formación del docente, en este aspecto son básicos, y las
estadísticas nos indican que no siempre se conocen ni se detectan a tiempo las
situaciones conflictivas.
Conocer al alumnado es esencial.
Conocer sus comportamientos, sus personalidades, sus capacidades y formas de
relación. Generar actividades colaborativas que fomenten el respeto mutuo y
atender siempre, cualquier señal que nos indique que está existiendo un
problema que afecta directamente a alguno de nuestros alumnos.
Es importante intervenir de forma eficaz y rápida sin caer en la precipitación. Las medidas reparadoras han de
buscar la reparación del daño y la
seguridad para los implicados. Las medidas disciplinarias deben sancionar
de forma adecuada y acertada la falta cometida asegurando al mismo tiempo un
fin educativo para el agresor.
Desde esta perspectiva, se
contempla una modificación del comportamiento violento, con un resultado
esperanzador hacia los niños y jóvenes que siguen en proceso de formación de su
personalidad, capacidad empática y gestión de sus emociones y conductas.
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