Cuando la persona se da cuenta que gran parte del conflicto está dentro de uno mismo, entonces puede comenzar acciones más productivas y hacerse responsable de sus propias dificultades.
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"Alcanzar un nivel emocional profundo, contactar y enfrentar"Imagen: Ruth Palmer |
Mucha
de la información recopilada sitúa al alcoholismo como una entidad con síntomas
característicos y un origen complejo y multifactorial. Según los datos
epidemiológicos, el alcohol es la droga más utilizada en la población,
disfrutando a la vez de una gran aceptación social.
Las
teorías del aprendizaje o teorías conductistas, comprenden el alcoholismo como
un proceso de adquisición de un hábito de consumo.
La conducta de beber, se
explicaría por tanto como el resultado de obtener una recompensa o estado
afectivo positivo, provocado por el alcohol, o un estado negativo a causa de la
ausencia del mismo. Toda
esta información es muy útil, sin embargo, puede resultar incompleta ya que no
tiene en cuenta aspectos psíquicos y sociales inherentes a cualquier patología.
Existen
intervenciones de tipo social que sitúan el alcoholismo como una enfermedad
crónica e incurable, de ahí la común expresión y creencia bastante extendida de
“una persona alcohólica, siempre será alcohólica”. Si bien, en este caso, la
persona en rehabilitación se esforzará constantemente en no caer de nuevo en el
consumo, experimentando una lucha infinita en su día a día y con la resignación
y aceptación de que eso, no podrá ser modificado.
Por
otro lado, corrientes más psicoanalíticas, consideran el alcoholismo como un
síntoma o reflejo de una neurosis más profunda relacionada con dificultades
emocionales y generalmente ligadas a problemas del ámbito familiar o social.
Para la persona, estas dificultades hallarían una salida a través de la evasión
provocada por el consumo de alcohol.
Esta
perspectiva de síntoma, más que de enfermedad, permite a la psicoterapia tratar
el alcoholismo a un nivel más profundo y personal, permitiendo un cambio o
resolución permanente, en la medida que el conflicto interno quede resuelto. Además, estudios y seguimientos rigurosos en pacientes con adicción, demuestran que la
ausencia de recaídas, como la desaparición de la compulsión de consumo, es
real.
Según
el Análisis transaccional, el inicio del alcoholismo y su mantenimiento, se da
debido a problemas de comunicación. Beber implicaría un juego psicológico que
serviría de refuerzo positivo para la persona, implicando a su familia y a su
entorno. El alcoholismo sería una forma de interacción, y sus consecuencias,
una excusa para su comportamiento. Por ejemplo, “lo hice porque estaba
borracho”, o mensajes con doble sentido, “No bebas” (pero se dejan bebidas en
la nevera). Analizar el tipo de relación, así como las transacciones
existentes, permitiría un análisis más profundo de la situación del paciente, y
la adquisición de nuevas pautas de interacción facilitaría el desarrollo de la
recuperación.
Prestar atención a todos los
niveles de la persona
Es
importante que el terapeuta o los profesionales encargados de acompañar a una
persona con alcoholismo en su recuperación, conozcan y reconozcan la
importancia de trabajar de una forma integral.
El
esquema de los 5 niveles de intervención en Psicoterapia Humanista Integrativa
de J.Zurita, permite en estos casos, una visión muy completa de la situación
del paciente, así como un esquema de trabajo clarificador a la hora de
emprender el tratamiento.
Las
intervenciones de tipo conductual y social, muy comunes en el tratamiento de
las personas con alcoholismo son muy útiles, necesarias e imprescindibles. Si
bien, trabajar únicamente a estos dos niveles, podría implicar una falta de
profundidad que dejaría al paciente en un estado de aparente recuperación, pero
con el riesgo constante de padecer una recaída al no tratarse los aspectos más
profundos de uno mismo.
Es
esencial, para que nuestros pacientes resuelvan sus conflictos, permitir y
acompañarles a un nivel emocional profundo, contactando, enfrentando y
expresando las emociones que pudiesen estar bloqueando la solución del
problema.
A través del esquema de los 5
niveles, trabajamos lo siguiente:
A un nivel social, la Conducta y el Pensamiento
Social. Ambos íntimamente ligados, pues el procedimiento del proceso
cognitivo a nivel social, implica la acción de la conducta. Aquí encontraríamos
el consumo de alcohol, así como otras conductas evitativas, y toda la serie de
actividades autodestructivas propias de la persona con alcoholismo (mentiras,
relaciones conflictivas, irresponsabilidades, gasto de dinero elevado…)
En el Nivel del Pensamiento Social,
observamos la justificación de “por qué bebe”.
Recopilando
las frases o argumentos de mis pacientes en proceso de rehabilitación por
consumo de alcohol, podría destacar las siguientes:
- “No se estar conmigo mismo”, “necesito algo
que me eleve el estado de ánimo”, “todo el mundo bebe”, “la vida es muy dura”,
“una copa me permite afrontar mejor el día”…
El Pensamiento profundo corresponde a una
profundización del proceso cognitivo. En este punto, podemos identificar muchos
elementos que conforman la psicopatología de los pacientes, como los mandatos, impulsores, prejuicios,
programas de guión, fantasías, etc.
En el
caso de los mandatos (mensajes
limitantes, inconscientes y no verbales, provenientes de las figuras
parentales), me gustaría compartir los más identificados en los pacientes del
grupo de rehabilitación, siendo estos los siguientes:
- “No sientas”.
Reflejado a través del corte y la anestesia que ellos mismos generan ante sus
emociones y dolor. El consumo de alcohol les permite tapar en gran medida todo
esto. El contacto con la emoción real es bloqueado. Como ellos mismos expresan,
el alcohol les “ayuda” a enfrentar la vida.
- “No
pienses”, viviendo los problemas o conflictos con angustia en vez de centrar su
energía en solucionarlos. El alcohol les sirve para no ver su realidad, no
afrontar y evitar responsabilidades. Este tipo de mandato, similar a los de
tipo “no reflexiones”, “no recuerdes”… son comunes en ellos.
La ausencia de
responsabilidad plasmada en sus posteriores actos peligrosos o destructivos,
parecen tener una base muy importante en este tipo de mandatos, de ahí la
importancia de su identificación para poder efectuar una intervención adecuada
y conseguir cambios en los niveles superiores.
- “No
estés bien”, “no estés sano”. En este tipo de mandato, la relación familiar así
como las transacciones producidas en este ámbito, cobran un importante papel.
Es posible que en la niñez del paciente, este mensaje no verbal estuviese
basado en una ausencia de presencia o atenciones por parte de las figuras
parentales, encontradas precisamente en los momentos de falta de salud del
niño/a. Una vez en la edad adulta, la persona enferma, y con ello genera un
movimiento en el entorno, un movimiento en la familia. La ausencia de salud del
paciente puede implicar una serie de constantes atenciones por parte de las
personas más allegadas. Caricias positivas y negativas que cumplen una función
para el paciente, quien vuelve a moverse entre juegos específicos que le
mantienen en una dependencia con su familia. Por otro lado, pueden existir
mensajes verbales y no verbales, emitidos por los propios familiares, que sin
pretenderlo a un nivel consciente, pueden perjudicar o sabotear los avances de
la persona en rehabilitación.
En el
nivel emocional encontramos las emociones básicas, siendo el amor, la alegría y
el poder, las emociones básicas agradables; y el miedo, la tristeza y la rabia,
las emociones básicas desagradables. Son estas tres últimas las destacadas en
este tipo de personas.
Darse
cuenta de estas emociones es de vital importancia para el paciente. Su
identificación y expresión pasan por un acompañamiento amoroso y paciente, pues
la persona consumidora de alcohol, suele carecer de herramientas para afrontar
este tipo de emociones, quedando desbordados fácilmente. De ahí que el alcohol
sirva en muchos momentos como vía de escape para evitar este afrontamiento.
El
nivel espiritual incluye los contenidos más profundos de la persona. En este
nivel no se interviene directamente, si bien, durante el proceso de terapia
existen cambios en el paciente, que añaden congruencia e importancia a todo el
esquema.
El
inicio problemático de consumo de alcohol en una persona, puede tener una base
de vacío existencial en este nivel. Un vacío existencial tapado a través del
consumo, evadiéndose de la realidad y experimentando las sensaciones
placenteras que en ese momento obtienen. A lo largo del proceso de consumo, se
va perdiendo todo sentido de las cosas, así como una orientación y perspectivas
de la realidad y de la vida.
Ha sido
común encontrar en los pacientes en rehabilitación, especialmente en aquellos
que llevan más tiempo invertido en su recuperación, terapia y
auto-conocimiento, que este nivel espiritual y profundo ha emergido en forma de
potencial. Al igual que el resto de los niveles, siempre estuvo ahí, sólo que
la persona nunca atendió o consideró. En una huída de sí mismo, no pudo
comprobar que aquello que le empujaba a huir, era en realidad aquello que pedía
atención, comprensión y conocimiento, para afrontar y comprender todo lo demás.
Cuando
la persona que consume alcanza un estado tal en que todo parece perdido y la
muerte acecha, puede emerger en él un nuevo sentido que lo cambia todo.
Sobrevivir o “vivir para”… En este momento, la persona cambia su perspectiva y
toma la decisión de vivir, con todo lo que ello conlleva.
En
palabras del propio Viktor Frankl, “Todo su sentido anterior estaba perdido en
ese momento…y apareció un nuevo sentido, el ¡sobrevivir!”.
Darse cuenta y comprender; gran
parte del proceso de recuperación se centra en estos aspectos.
Cuando
la persona se da cuenta que gran parte del conflicto está dentro de uno mismo,
entonces puede comenzar a acometer acciones más productivas. Puede hacerse
responsable de sus propias dificultades.
Cuando
el paciente aumenta su darse cuenta, construye una nueva manera de afrontar la
vida basada en ocuparse del presente y de lo que hay en él, experimentando lo
agradable y lo desagradable, lo que le resulta cómodo e incómodo. Poco a poco,
el paciente puede ir saliendo del ciclo de situaciones interrumpidas que
constituyen su experiencia. Su relación con el mundo comienza a tener una base
propia de apoyos internos.
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