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La felicidad no está en las cosas que haces, sino en cómo haces esas cosas. Imagen: ctr |
La felicidad no se esconde en el consumo, en el dominio o
las distracciones, sino en la valoración de todo pequeño detalle, en la
entrega, gratitud y generosidad.
Frustración y ausencia de futuro, situaciones depresivas y
de falta de sentido que llevan a crear altas tasas de mortalidad en jóvenes y adultos cuya causa es el
suicidio.
Una sociedad que distingue la felicidad como un objeto a
conseguir en algún momento. Una felicidad basada en la posesión de riquezas,
objetos materiales, una adquisición compulsiva de la última tecnología y por
supuesto, en avanzar a la par del estilo y la moda predominante del momento. También
como posesión de un estatus social, un buen puesto de trabajo y una pareja que
responda a las demandas y necesidades que cada persona pueda presentar.
Se trata de una felicidad confundida por el confort, el
bienestar y el placer.Se trata de situaciones que evidentemente ayudan y que
sean necesarias en nuestra vida pero que al mismo tiempo no deben identificarse con lo que supone la
felicidad en sí.
Saber vivir muchas veces resulta complicado. Nacemos con
posibilidades, pero tarde o temprano somos y obtenemos lo que hemos sido
capaces de sembrar.
Proyectos y posibilidades
La vida de cada persona se va creando y haciendo en cada
momento. Cuando esas proyecciones tienen una base de creación, colaboración y
participación con el resto, la felicidad aflora como síntoma.
Muchas son las invitaciones a vivir de espaldas a aquello
que permite subsistir plenamente como persona. Ganar, tener éxito, disfrutar al
máximo con el mínimo esfuerzo, ejercer un cierto poder sobre el resto, etc. son sólo algunos caminos perseguidos y
valorados por muchos. Vivir pasando el tiempo siguiendo a la masa, igualándose
al resto y sintiendo el honor de pertenecer a un sistema que le acoge, siempre
y cuando presente unas características determinadas, se comporte acorde y
repita cada día de su vida aquello establecido por el ambiente.“Es que todos
viven así”, ese planteamiento inmaduro y tan predominante en nuestros días que
permite permanecer en lo mismo que tarde o temprano provoca la sensación de
vacío que sostiene a la propia sociedad.
Vivir y ser feliz es una conquista propia, y pocas personas
serán capaces de ver más allá de lo que ofrece el dinero, la imagen, las
apariencias, la superioridad y todos aquellos hábitos placenteros y dañinos
para uno mismo.
Ante la realidad, la persona huye y sólo busca la
distracción. Lucha constantemente contra los fantasmas de sus deseos
incumplidos. Aceptar la realidad no significa aceptar que sea buena, sino
aceptar cada situación tal como es. Aceptar la realidad y saber responder de
forma que esa misma respuesta sirva para seguir viviendo mejor. Y es que la
felicidad no se esconde en el consumo, en el dominio o las distracciones, sino
en la valoración de todo pequeño detalle, en la entrega, gratitud y
generosidad. En el amor a uno mismo y a los demás.
"Algunos persiguen la felicidad, otros la crean"
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