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sábado, 20 de agosto de 2016

TERAPIA Y DUELO. Una breve reflexión: "¿qué es la muerte para el terapeuta?"


"Aprender a dejar de mirar con los ojos...
para volver a mirar con el corazón"
El psicoterapeuta debe ser conocedor del duelo, de sus fases, sus emociones… no sólo de una forma teórica, sino práctica. Algo vivido en sus propias carnes. 

El terapeuta habrá caminado por la senda de la pérdida en muchas otras ocasiones, habrá sufrido y acogido sus emociones, para luego saber decir adiós en paz y libertad. A partir de aquí, podrá ayudar al resto a enfrentar las pérdidas de la vida. El psicoterapeuta ha de ser conocedor de toda esta realidad y es bueno que su posición vital incorpore una consciencia del movimiento de la vida, así como de la relación entre la vida y la muerte, siendo esta última algo absolutamente natural y certera, aunque tema bastante tabú y evitado en nuestra sociedad actual.

Con independencia de que el duelo se realice ante cualquier tipo de pérdida, podemos entender  que el mayor grado de duelo podría hacerse ante la muerte de una persona muy amada.  ¿Qué es la muerte para el terapeuta? ¿Algo horrible de lo cual mejor no pensar, o una parte esencial de nuestra propia vida? ¿Un final trágico o algo que puede ofrecer SENTIDO a nuestra existencia?.

La posición del terapeuta ante esto es algo que influirá enormemente en el paciente, captando éste los posibles miedos, o la seguridad en algo a lo que todos, tarde o temprano llegaremos.

Búsqueda de respuestas.


Una de las fases del duelo incluye la racionalización: “¿Por qué se ha ido?”, ¿cómo ha podido morir tan joven?”… Detrás de cada despedida quedan muchas preguntas sin resolver, muchas preguntas de las que queremos y necesitamos respuestas. También muchas emociones simultaneas a las que prestar atención y dejar emerger como parte esencial del proceso.

El terapeuta sabe que en sus aportaciones puede ofrecer una carga de paz al paciente o por el contrario, dejarle lleno de dudas frente a algo que en ocasiones, no tiene explicación. De ahí la importancia de la empatía, de la escucha activa y de tener en cuenta las propias creencias de cada paciente, para actuar  así de la mejor forma  posible. 

jueves, 14 de julio de 2016

"Me doy cuenta de que respiro poco"

Imagen: Jason Decaires Taylor. Esculturas bajo el agua
Captar, retener, expulsar, recibir, transformar, devolver…RESPIRAR.

Una respiración plena implica el contacto con nosotros mismos y con los demás. 

La respiración y su importancia, por lo general, suele ser algo ignorado por la mayoría de las personas y por los propios profesionales de la salud. Lo cierto es que muchos de nosotros somos malos respiradores.  ¿Cuántas veces nuestra respiración es poco profunda?
Y esto es importante, pues de la calidad de nuestra respiración derivarán estados de salud o bien estados crónicos de tensión, ansiedad o decaimiento.

Muchas de nuestras tensiones musculares son la respuesta fisiológica de conflictos psicológicos. A través de las mismas, los conflictos se estructuran en el cuerpo como una restricción de la respiración y una limitación del movimiento.  Para entender esto de una manera simple, podemos visualizarnos ante una situación de peligro o simplemente recordar algún acontecimiento estresante. Ese momento de impacto suele ir acompañado de un “corte” de la respiración o una disminución de la misma.  Dependiendo del tipo de impacto, nuestro Sistema Nervioso nos hará reaccionar de una manera u otra, ya sea activando la función de huida, defensa o paralización. 

En nuestro día a día podremos tener más o menos  situaciones impactantes: un susto con el coche, un sonido fuerte, una mala noticia recibida…si bien, suelen tratarse de hechos identificables y tras un breve periodo de tiempo se puede regresar al estado normal de respiración e incluso llevar a cabo acciones que nos calmen o relajen. 
Sin embargo, es muy común que nuestro cuerpo arrastre conflictos tempranos y más actuales, que sin ser conscientes de ellos, se presentan en forma de síntoma. Las tensiones y contracturas musculares están altamente relacionadas con una respiración deficiente. Lo mismo ocurre con los estados de angustia y ansiedad, acompañados a su vez por la tensión y dolor muscular.  

La profundidad de la respiración afecta a la intensidad del sentir. 

Emociones como el miedo, la rabia o la tristeza participan en el “proceso” de anulación de la respiración.  Respirar es vivir, y esto implica sentir. Pero sentir no siempre es agradable, especialmente cuando arrastramos en nuestro cuerpo recuerdos de sucesos que han generado heridas internas.  Cuando esto sucede, de manera prácticamente involuntaria, la respiración queda reducida. De esta manera, los sentimientos y emociones desagradables quedarían “amortiguados”. 

¿Qué sucede cuando la respiración vuelve a ser amplia?

Imagen: Jason Decaires Taylor. Esculturas bajo el agua
Cuando generamos nuevos patrones de respiración, ya sea en un proceso de trabajo terapéutico, por propia consciencia, por la realización de actividades en las que la respiración es clave(deporte, yoga, meditación, relajación…) etcnos encontramos también ante un posible afloramiento de sensaciones, recuerdos y emociones. 

Muchas veces, sentir todo esto da miedo. Por eso es importante trabajarlo, identificarlo y poder ir soltando aquello que nuestro cuerpo arrastra. 

Con la mejora de nuestros patrones de respiración, los cambios serán evidentes a diferentes niveles (nivel corporal, emocional, sexual...), y con ella, nuestra movilidad y energía. 

Respira...merece la pena.



viernes, 27 de mayo de 2016

ADICCIÓN Y CONSUMO. Para ganar conciencia, hay que estar dispuesto a contactar con las zonas desagradables de la experiencia y redescubrirlas.

Según los datos epidemiológicos, el alcohol es la droga más utilizada en la población, disfrutando a la vez de una gran aceptación social. 
El consumo de alcohol anestesia las sensaciones.
Imagen: Carne Griffiths

Existen autores que describen el alcoholismo como un trastorno crónico del comportamiento, manifestado por la ingestión repetida de bebidas alcohólicas que superan las costumbres dietéticas y sociales de la comunidad y que interfiere en la salud y en el funcionamiento social del individuo. Mucha de la información recopilada sitúa al alcoholismo como una entidad con síntomas característicos y un origen complejo y multifactorial. 

Las teorías del aprendizaje o teorías conductistas, comprenden el alcoholismo como un proceso de adquisición de un hábito de consumo. La conducta de beber, se explicaría por tanto como el resultado de obtener una recompensa o estado afectivo positivo, provocado por el alcohol, o un estado negativo a causa de la ausencia del mismo.
Toda esta información es muy útil, sin embargo, puede resultar incompleta ya que no tiene en cuenta aspectos psíquicos y sociales inherentes a cualquier patología.

Existen intervenciones de tipo social que sitúan el alcoholismo como una enfermedad crónica e incurable, de ahí la común expresión y creencia bastante extendida de “una persona alcohólica, siempre será alcohólica”. Si bien, en este caso, la persona en rehabilitación se esforzará constantemente en no caer de nuevo en el consumo, experimentando una lucha infinita en su día a día y con la resignación y aceptación de que eso, no podrá ser modificado.

Por otro lado, corrientes más psicoanalíticas, consideran el alcoholismo como un síntoma o reflejo de una neurosis más profunda relacionada con dificultades emocionales y generalmente ligadas a problemas del ámbito familiar o social. Para la persona, estas dificultades hallarían una salida a través de la evasión provocada por el consumo de alcohol.

Esta perspectiva de síntoma, más que de enfermedad, permite a la psicoterapia tratar el alcoholismo a un nivel más profundo y personal, permitiendo un cambio o resolución permanente, en la medida que el conflicto interno quede resuelto. Estudios y seguimientos rigurosos en pacientes con adicción, demuestran que la ausencia de recaídas, como la desaparición de la compulsión de consumo, es real.

Según el Análisis transaccional, el inicio del alcoholismo y su mantenimiento, se da debido a problemas de comunicación. Beber implicaría un juego psicológico que serviría de refuerzo positivo para la persona, implicando a su familia y a su entorno. El alcoholismo sería una forma de interacción, y sus consecuencias, una excusa para su comportamiento. Por ejemplo, “lo hice porque estaba borracho”, o mensajes con doble sentido, “No bebas” (pero se dejan bebidas en la nevera). Analizar el tipo de relación, así como las transacciones existentes, permitiría un análisis más profundo de la situación del paciente, y la adquisición de nuevas pautas de interacción facilitaría el desarrollo de la recuperación.

Darse cuenta y proceso terapéutico.

A medida que se avanza o profundiza en las causas del alcoholismo, podemos comenzar a observar la importancia de la experiencia interna de la persona. Con independencia a la gran cantidad de teorías que ofrecen explicaciones de esta problemática, cuando nos situamos frente a frente a una persona que consume o ha consumido de una manera no sana, obtenemos de su discurso pistas que nos indican las bases reales de ese consumo. “No me siento bien”, entonces bebo y “me siento bien por un rato”. “Me cuesta afrontar los problemas”, entonces bebo y “puedo continuar, me olvido”, etc.

Estas afirmaciones ya indican un nivel de conciencia considerable para la persona, pues en los primeros estadios del consumo problemático de alcohol, los pacientes se caracterizan por esa ausencia de conciencia de que algo no va bien. Es más, una persona puede llevar años consumiendo y obteniendo graves consecuencias para sí mismo y su entorno, y no observar problemática alguna en la situación.

Imagen: Federico Uribe
Trabajar en la propia terapia de rehabilitación de un amplio grupo de personas en un proceso de recuperación de consumo, me permitió identificar que existe un paso previo y fundamental para la sanación.
Esta premisa fundamental no es otra que: EL DARSE CUENTA.

Una premisa esencial, que al emerger en la persona, dará pie al comienzo del proceso de sanación. Un proceso en el que la voluntad y responsabilidad del paciente serán claves, y que a través de ese “darse cuenta”, los pasos que se den serán más firmes y sólidos.
Cuando menciono el concepto de “darse cuenta”, muy propio de la terapia gestáltica, hago referencia al hecho de que la persona con adicción al alcohol, es invadido de una manera repentina, de un golpe de conciencia.
Cuando este “darse cuenta” no emerge, el paciente está sumergido en un estado de negación. Es incluso posible que el paciente acuda a terapia, pero esta acción suele responder a la obligación impuesta por algún familiar, que en forma de ultimátum, exige a la persona que acuda a la misma. La terapia se convierte por lo tanto, en algo impuesto a lo que el paciente accede “para que le dejen tranquilo”, y como es de esperar, el proceso terapéutico no produce o por lo general, no suele producir ningún tipo de efecto. No es hasta que este “darse cuenta” emerge en el paciente de forma natural y espontánea, cuando uno se sitúa en la posición de emprender la recuperación.

Frizt Perls, creador de la Terapia Gestalt, hace referencia al concepto de “darse cuenta” denominándolo como “la melliza desdibujada de la atención”. Una percepción más relajada y corporal, sin dejar de incluir, aunque en menor medida, la esfera mental.

John O. Stevens, en su obra El darse cuenta. Sentir, imaginar, vivenciar; describe tres tipos o zonas de “darse cuenta”. En primer lugar menciona el darse cuenta del mundo exterior, representado por el contacto sensorial actual con objetos y eventos en el presente. En segundo lugar, encontraríamos el darse cuenta del mundo interior, reflejado en el contacto sensorial con eventos internos en el presente. Como por ejemplo, lo que ahora siento en mí, manifestaciones físicas de mis sentimientos y emociones, sensaciones de molestia, tensiones musculares etc.

Por último, encontraríamos el darse cuenta de la fantasía, referido a toda la actividad mental que va más allá de lo que ocurre en el presente. Explicar, imaginar, adivinar, pensar, recordar el pasado, planificar, anticipar el futuro...
Y es que, cuando una persona, en su proceso de rehabilitación de consumo de alcohol, comienza a tomar consciencia de su propio proceso, sensaciones, pensamientos, emociones, acciones etc., empieza a descubrir como evita, bloquea, interrumpe o falsea todo su propio funcionamiento.
Empezar a conocerse a sí mismo, enfrentar las carencias, aceptar con amor las heridas emocionales pasadas, la inseguridad, estados de tristeza, miedo, rabia, o modos de relación, pasa por darse cuenta de la situación interior y exterior de cada uno.
De hecho, y de una manera paradójica, el consumo de alcohol aleja a la persona de ese darse cuenta de su mundo, ya que anestesia las sensaciones,
emociones o pensamientos que pueden emerger. Parece que quieren perder el contacto con una parte desagradable de su vida, arrastrando con ello la posibilidad de poder contactar también con lo que sí es agradable.

Para ganar conciencia, es bueno estar dispuesto a contactar con esas zonas desagradables de la experiencia y redescubrirlas. Esto no es algo sencillo, pues la persona con alcoholismo se encuentra alterada a nivel físico y emocional. El alcohol es el daño y al mismo tiempo la solución a ese daño, creándose un círculo vicioso progresivamente destructivo. 
No darse cuenta, implica perder el contacto con nosotros mismos y con el entorno. Estas personas saben muy bien como es experimentar esto, y en muchas ocasiones, tarde o temprano, la vida les sitúa en un darse cuenta repentino que les empuja a buscar el cambio y la recuperación.
Suelen ser los conflictos externos los que les ponen por delante lo que no ven internamente, (conflictos familiares, económicos, laborales, delincuencia, violencia…).

Tal y como describían los pacientes del grupo de terapia en numerosas ocasiones, sus “darse cuenta” podían consistir en un hecho exterior grave o bien, sin importancia, pero sin embargo para ellos, era algo que superaba su capacidad de afrontamiento, lo que les llevaba a acceder o a pedir la ayuda necesaria. Desde un accidente de coche, quedarse dormidos al volante, un despido del trabajo, el abandono real de la familia, o hasta un pequeño gesto de rechazo de una niña pequeña que no quiere besar a su abuelo por el olor a alcohol que desprende.

Se trata, por lo general de episodios externos que sitúan a la persona en un breve estado de shock donde la ausencia de contacto con uno mismo pasa a contactar precisamente con la necesidad de cambio y de ayuda. Parece ser que sus problemas de salud o angustia psicológica no les causen impacto en un primer momento o se extiendan hasta niveles suficientemente grandes como para generar ese shock.
Una vez llegados a este punto, el paciente emprende un camino hacia delante.


sábado, 23 de abril de 2016

EMOCIONES COMPLICADAS. La Rabia.

Reconocer la rabia es fácil. 
Reconocer lo que está debajo, no tanto 
"El proceso terapéutico es esencial.
Sanar heridas nunca fue tan liberador".

Imagen: Girl before a mirror. Picasso

Muchos de los conflictos cotidianos son consecuencia de un mal manejo de la rabia, de ahí que sea esencial mejorar los conocimientos sobre la gestión y expresión de esta emoción.

Analizar y resolver problemas pasa  por la toma de conciencia de lo que sucede en las propias relaciones, ya sean íntimas, profesionales o sociales. ¿Cuántas veces te has visto inmerso/a en un intercambio de gritos e insultos simplemente porque otro conductor ha hecho "algo" que no te ha parecido?¿Se ajusta esa reacción al suceso real?. ¿Son los gritos a tu pareja, padres, hermanos o amigos reflejo de algo justo, o más bien un reflejo de una insatisfacción o problemática interna?

En estos casos hablamos de una rabia no genuina, un encubrimiento de los verdaderos sentimientos que permanecen bajo ella. 
De alguna manera, existen personas que hacen de su rabia toda una identidad, "es mi carácter", "soy así" etc. En el fondo se aferran a la rabia como una forma de sobrevivir. 
Probablemente las experiencias tempranas de la infancia o adolescencia tendieron en su día a dificultades en la satisfacción de necesidades relacionales básicas. 

Descubrir el intenso nivel de rabia.

La rabia proporciona un falso sentido de poder. Algunas personas, cargadas de rabia, aparentan sentirse llenas de poder y de fuerza. Su manera de imponerse es a través de la misma. A lo largo de la vida siguen utilizándola, pues ven que de esta manera consiguen objetivos, ya sea mostrándose déspotas, faltando al respeto o intimidando a personas que al poseer una mayor madurez, no entran en el juego de responder con el mismo nivel de rabia. Para la persona esto puede ser un logro, pues alejan o creen controlar a todas aquellas personas que no se adaptan a sus necesidades. Por lo general, estas personas acuden a terapia por obligación, o en su defecto, por una primera toma de conciencia de su propio malestar, muchas veces causado por sus constantes discusiones, conflictos y rifirrafes. 

Para el terapeuta, cobra sentido desarrollar la habilidad de guiar al cliente/paciente hacia una consciencia de sí mismo. El paciente puede tener consciencia de su estado crónico de enfado, pero descubrir la auténtica procedencia de esa emoción marca la diferencia y permite un cambio auténtico y natural.

Cuando los niveles de rabia son tan profundos, la búsqueda de otra emoción es clave. Aquí es dónde encontramos el "dolor". El sentimiento de dolor es una base importante que sustenta el mantenimiento de la rabia. Llegar a la profundidad de tales sentimientos permite la toma de consciencia en cuanto a la existencia de un antiguo dolor que todavía sigue influyendo en la vida actual.

Reconocer ese dolor ya es en sí liberador.

Reconocerlo y vivirlo de nuevo. Esa expresión e integración ayudan a alcanzar la propia comprensión. La persona puede entonces otorgarle un nuevo sentido a ese dolor y a aquel "suceso" que lo provocó.

"Darse cuenta" de las discusiones 

Las decisiones tomadas en los estadios de rabia inicial, suelen mantenerse vivas a no ser que esa emoción sea tratada directamente. Después de la toma de conciencia y del trabajo personal, llega el momento y la posibilidad de resolver y decidir nuevas maneras de relación con uno mismo y con los demás.

El proceso terapéutico es esencial. No es fácil, pero merece la pena. Voluntad y actitud, sanar heridas nunca fue tan liberador. 

sábado, 20 de febrero de 2016

YO SOY CUERPO. Contactando con mi vivencia emocional

Comencemos por escuchar nuestros síntomas y a obtener lo positivo de su función mensajera.

"Acoger nuestro cuerpo
como venga"
Imagen: Maude white
El amor hacia uno mismo es una fuente inagotable de energía. Hace que nos sintamos auténticos  y podamos vivir en consonancia con el resto del mundo. La integración de este amor desde el cuerpo hacia el resto de nuestras dimensiones, nos permite SER y HACER. 

Cuando hablamos de trabajar a través del cuerpo, o del trabajo corporal, nos referimos a la puesta en marcha de técnicas o metodologías que nos permiten profundizar, conocer, tomar conciencia y sanar aspectos propios. Se trata de un trabajo interior “a través de”, en este caso nuestro cuerpo.

Y esto, en un contexto en lo que lo cognitivo y racional predomina por encima de otras dimensiones, resulta a veces, cuanto menos llamativo. Pero más llamativo puede resultar la separación cuerpo-mente tan habitual, y que en el fondo puede responder a un mecanismo defensivo para no sufrir. “No siento” – “No sufro”, “No escucho”—“No sufro”, “No veo”—“No sufro”… y cuando los dolores superan este umbral de insensibilidad, optamos por anestesiarlo o eliminarlo a través de medicación, sustancias, distracciones de todo tipo, o simplemente aguantando hasta que el agotamiento o la enfermedad nos obligan a replantearnos todas nuestras acciones, percepciones y comportamientos.

“Es cierto que las personas vivimos aplacando nuestras sensaciones corporales”. Luc García-Atance, Psicóloga y Psicoterapeuta, centrada en la actualidad en la Psicoterapia Corporal lo tiene claro. Su experiencia personal le ha llevado a trabajar su cuerpo durante toda su vida de una manera terapéutica. En el ámbito profesional, combina la Psicoterapia con un modelo propio de Trabajo Corporal Integrador (TCI)
"Hemos aprendido a ignorar la emoción"
Luc García-Atance,
Psicoterapeuta Humanista Integrativa
Co-Fundadora de Enoción Psicología Madrid

Este Modelo de Trabajo Corporal, es el producto de una evolución constante, gestado y muchas veces conducido según ella, por parte de la persona que lo vivencia, adaptando la técnica al paciente y no de manera contraria como suele suceder.

¿Cómo crees que se relaciona la mayoría de la gente con su cuerpo?

La mayoría de la gente se relaciona con su cuerpo como si este fuese un vehículo que nos transporta a lo largo de la vida. Vivimos excesivamente en nuestra mente, en nuestro pensamiento. No hay separación de nuestra mente y nuestro cuerpo. El uno sin el otro, nos convertiría o en materia exclusivamente, o en espíritu. La persona es el conjunto de ambas partes. De hecho las personas que atienden su cuerpo como fuente de sabiduría y a su mente por igual, son personas que se sienten mucho más integradas y completas.


 ¿Qué nos puede enseñar el cuerpo?

El cuerpo nos puede enseñar muchísimas cosas. Para los más pragmáticos, nos indica cómo estamos. Al atender nuestro cuerpo, podemos saber qué es lo que necesitamos y adecuar nuestras respuestas o comportamientos para lograr una mayor coherencia con nosotros mismos. Para los más curiosos y emocionales, nuestro cuerpo nos enseña las memorias y las emociones que aguardan en nosotros esperando nuestro permiso para ser expresadas. Nuestro cuerpo es nuestra base existencial, a través del mismo vivimos. Conocer a fondo nuestro cuerpo e integrarlo en nuestro día a día nos ofrece precisamente un bienestar y una sensación de plenitud mucho mayor que si ignoramos cualquiera de nuestras dimensiones, entre ellas la corporal.

Sus Talleres de Trabajo Corporal en Madrid reflejan la integración de diferentes metodologías terapéuticas centradas en el cuerpo. Abierto a todos los públicos, especialmente para aquellas personas que conscientes o no de sus síntomas o molestias corporales, quieran comenzar una relación de comprensión y aceptación de lo que siente, así como experimentar maneras sencillas de expresión emocional a través del cuerpo (Movimiento - Voz - Respiración).

La toma de conciencia corporal (Movimiento Auténtico etc.), el contacto con la vivencia corporal (Escáner corporal, Descarga Diafreoterapéutica…) y la integración del amor propio, protagonizan ese espacio que permite a cada participante contactar y profundizar en sí mismo.

“Acoger nuestro cuerpo es primordial,
 acogerlo como venga, 
como sea en cada momento” A. Lowen



*Próximo Taller de Trabajo Corporal: Sábado 5 de Marzo de 2016, Madrid. PLAZAS LIMITADAS 

+ info en: www.enocion.com
http://enocion.com/talleres-y-actividades




lunes, 8 de febrero de 2016

PATRONES CORPORALES. La vida es..."formas en movimiento"

La anatomía es un proceso
dinámico vital.
Trata sobre nosotros mismos
como formas vivas
Los sentimientos encerrados en el cuerpo contribuyen al desarrollo de patrones corporales. Unos patrones corporales adquiridos y aprendidos que reflejan la presión de los acontecimientos externos

Por ejemplo, en casos de agresión sexual (con violencia o sin ella), a veces, se hace necesario para la propia persona que esos sentimientos queden en las más recónditas profundidades. De no ser así...¿qué pasaría? 

La naturaleza es sabia, nuestro cuerpo también y cuando esto ocurre es porque no siempre estamos preparados para integrar lo vivido o experimentado. Nuestra conciencia tapa, esconde el dolor de determinadas maneras, pero es inevitable que por un lado u otro, esa información, esa experiencia no integrada, asome por cualquier esquina. El síntoma emerge y se comunica. El síntoma no es silencioso, y cada vez que puede, nos indica que hay algo que trabajar, prestar atención y dejar de dar la espalda. 

Carolyn J. Braddock, Psicoterapeuta especializada en trastornos de estrés postraumático, traumas sexuales y corporales, hace referencia a tres patrones corporales diferentes, definidos como el cuerpo rígido, el cuerpo colapsado y el cuerpo inanimado. 

El paciente rígido se encuentra físicamente bloqueado. Su energía se encuentra acumulada interiormente, sin apenas flexibilidad. Sigue aferrado a su trauma y no permite el acercamiento de otra persona tan fácilmente. 

El cuerpo colapsado muestra su actitud de rendición y su sistema de creencias basado en la aceptación de la derrota. 

El patrón inanimado se caracteriza por su parálisis y ausencia de movimientos libres. De esta manera se defiende de la vida que le rodea y puede permanecer insensible al dolor y el temor. 

Estos tres patrones corporales tienen mucho que ver también con los patrones de alteración somática explicados por Stanley Keleman, Psicólogo somático, pionero en el estudio del cuerpo y su conexión con los aspectos emocionales, psicológicos, sexuales e imaginativos de la experiencia humana
En este caso, nos encontramos con una organización emocional de cuatro estructuras en las que la morfología expresa las experiencias y conflictos personales. 

La estructura rígida, densa, hinchada y colapsada

Estos cuatro patrones se presentan en un proceso progresivo que va desde la expansión muscular permanente a la compactación (contracción muscular permanente). Desde la inflamación (expansión permanente de la cavidad) hasta el colapso (contracción permanente de la cavidad). 

La expresión de la rigidez es mantener a la otra persona alejada, mientras que la inflamación nos indica una intención de acercamiento. La densidad también indica una intención de alejar a los demás, mientras el derrumbe busca atraer hacia sí al otro.




La anatomía comprende lo genético, lo embriológico y la historia personal. Refleja las agresiones recibidas en el entorno (familia-sociedad) y expone lo que hicimos para preservar nuestra propia integridad bajo coacción. En mis próximos posts, detallaré más ampliamente cada patrón emocional, así como diferentes formas de identificación y modificación de los mismos.

A. Álvarez.

“Tu herida, la violación de tu espíritu, es una invitación a que renazcas. Nuestras heridas nos dicen que las formas anteriores van a morir y que nuevas formas, insospechadas hasta ahora, están a punto de florecer”.
Jean Houston, La Sagrada Herida.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

TDAH EN ADULTOS. ¿Infradiagnosticado e incorrectamente tratado?

Imagen: Guasor
"En el TDAH juegan un papel fundamental
la maduración cerebral y el neurodesarrollo"

Alteraciones en la adaptación social, problemas laborales, interpersonales y emocionales significativos.

Durante mucho tiempo, la investigación del TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), fue centrada en la infancia, disminuyendo su atención a las manifestaciones en personas adultas. 

Muchas evidencias e investigaciones han permitido sustentar la validez del mismo en la edad adulta, y con ello, un avance en las prácticas clínicas y terapéuticas ante muchos pacientes. Incluso, un reciente estudio indica que ciertos casos de sintomatología TDAH en el adulto no se corresponde con el padecimiento del mismo en la infancia. 
En términos comunes, la vida de una persona con TDAH sin diagnosticar y sin tratar, podría resumirse a través de la palabra "caos", quedando la inatención, la impulsividad y la hiperactividad propias de la infancia reflejadas en problemas laborales, familiares, de pareja, una alta frecuencia de accidentes, conflictos relacionales, adicciones e incluso problemas legales, en la edad adulta. 

Muchos pacientes demandan ayuda informando síntomas depresivos, cuadros de ansiedad, o estados de confusión. La persona llega a terapia con una carga de incomodidad emocional después de años y años sobreviviendo sin la comprensión de la razón de sus contratiempos y conflictos.
El error del profesional puede  comenzar en el hecho de obviar la posibilidad de un TDAH ante determinados síntomas, centrándose en aquello que verbaliza el paciente de una manera acusada.  Cuando esto ocurre, los avances en la vida del paciente pueden mejorar superficialmente al calmar síntomas, si bien, la causa originaria sigue presente y con ello la imposibilidad del cambio adecuado.

Detectar acertadamente.

La evaluación del TDAH en personas adultas requiere la integración de datos clínicos que permitan una adecuada realización del diagnóstico. Para ello es importante conocer los síntomas propios del mismo evitando equívocos con otros estados comórbidos .
Una amplia historia clínica del paciente, cuestionarios y escalas de síntomas, análisis desde una perspectiva neuropsicológica y una evaluación de la comorbilidad, son pautas a seguir para ofrecer la mejor solución al paciente, siendo importantes la combinación de medicación y terapias psicoterapéuticas.
A partir de aquí, el proceso de reestructuración interna y externa de la vida del paciente comenzará a darse con mayor fluidez.





sábado, 24 de octubre de 2015

DEPRESIÓN POSTPARTO. Una "montaña rusa" de emociones tras el embarazo.

Imagen: "Madre e hija"
Gustave Klimt
Las investigaciones destacan las intervenciones psicoterapéuticas como primera opción esencial de tratamiento ante los trastornos afectivos postnatales.

Lejos de ver cumplidas sus expectativas de felicidad, existen ocasiones en las que una mujer experimenta sensaciones no esperadas después de tener un bebé. Estas sensaciones conforman síntomas que merman el bienestar y el equilibrio de la  madre, viéndose afectada incluso la relación con el bebé y con la propia familia. 

Los estudios indican que alrededor del 85% de las mujeres, presentan síntomas aparentemente depresivos tras los primeros días del parto. Sin embargo, esto es algo natural y bastante esperable debido a los cambios y fluctuaciones hormonales producidas.

En estos casos, los síntomas son de carácter leve y quedan reducidos en un corto periodo de tiempo. Durante dos semanas aproximadamente, la mujer suele experimentar llanto fácil, irritabilidad, insomnio, fatiga, tristeza, nerviosismo, cambios en el apetito y falta de concentración o atención entre otros. Este cuadro de disforia postparto o "Post partum blues", es por lo tanto bastante común. Por lo general, una psicoterapia breve, un buen acompañamiento de la familia y la vigilancia de la evolución de los síntomas, serán los pasos a seguir en esta tipo de casos.

Aquí radica la importancia de la información que tenga la mujer, quien no ha de ver en estos síntomas algo extraño, sino más bien, algo añadido al proceso natural del nacimiento.  Las emociones de miedo e incertidumbre no empeorarán la situación y se podrán tomar medidas ante cualquier síntoma que se salga de la “levedad” de estos estados disfóricos.

En otras ocasiones, estos síntomas se presentan de una forma más sólida, repercutiendo en el bienestar de la madre y el bebé de una manera significativamente más acusada.  Su inicio puede tener lugar durante el embarazo o los primeros meses después del parto. En este caso, las variables biológicas tampoco explican la totalidad  del trastorno, pudiendo corresponder a una mezcla entre factores ambientales o psicosociales, y los fisiológicos.

Factores de predicción de depresión postparto.

Según los diferentes estudios, existen factores de riesgo y predicción que pueden explicar en parte, la aparición de este estado depresivo.

 Dentro de los predictores más importantes encontraríamos:
  •          Antecedentes personales de Depresión.
  •          Sintomatología depresiva o ansiosa durante el embarazo.
  •          Bajo nivel de apoyo familiar o social.
  •          Eventos estresantes previos al embarazo.
Con un carácter menor:
  •           Problemas de pareja
  •           Estrés moderado
  •           Baja autoestima
  •           Disforia postparto
  •           Dificultades socioeconómicas
  •           Complicaciones obstetricias
  •           Embarazo no esperado
Estos factores psicosociales se añaden a los cambios hormonales, generando una sintomatología más grave e intensa.

Otras perspectivas y  estudios hacen referencia a la importancia de los ácidos grasos esenciales denominados Omega – 3. Estos ácidos grasos son tan necesarios para la constitución del equilibrio del cerebro, que el feto los absorbe a través de la placenta. Las reservas de la madre, caen de una manera importante durante los últimos meses de embarazo. Este desgaste de omega 3 influye también en el proceso de la depresión postparto, puesto que este ácido graso contribuye a la producción de serotonina en el cerebro.

Además, la hormona progesterona, clave también en este trastorno, aumenta hasta diez veces su niveles durante el embarazo, y tras el parto se produce también una gran disminución, y con ella, una interrupción de la producción de serotonina

Pero con independencia de los posibles predisponentes o de las variables hormonales más significativas, existen ocasiones en las que una mujer no entiende qué le sucede ni porqué. 
Pueden llegar a comprender diversos síntomas, pero por encima de todos ellos, destacan el inesperado corte en la relación con su bebé. 

La incapacidad de empatizar o sentir el amor esperado suele desconcertar a la madre, que en todo momento había imaginado algo completamente diferente. Este hecho suele llenar de vergüenza y culpa a la mujer, precipitando aun más la tristeza, la ansiedad y la angustia. Conocer la posibilidad de este hecho implicará la búsqueda de un tratamiento psicoterapéutico y farmacológico para abordar los síntomas de la Depresión Postparto. Poco a poco la mujer verá atenuados sus síntomas y el amor madre-hijo/a adquirirá protagonismo, así como el progresivo bienestar de la misma.

jueves, 17 de septiembre de 2015

DETECCIÓN Y PREVENCIÓN. La Escuela y su función Sociosanitaria.

La mejor acción psicológica para evitar 
la aparición de problemas emocionales
infantiles es la prevención.
Imagen. A.Álvarez
La comprensión, tolerancia y buenas bases de actuación dentro del aula, permiten que el contexto escolar comience a volverse terapéutico.

Actualmente, cerca de 6.000 psicólogos trabajan en el sistema educativo español volcándose en las demandas presentadas en el entorno escolar. A día de hoy, la figura del orientador educativo o el psicopedagogo, dobla en cantidad a la del psicólogo.

Si bien, la figura del psicólogo sigue siendo imprescindible para realizar las labores de diagnóstico, prevención y atención a las diferentes dificultades de aprendizaje y conducta que pueda presentar cualquier alumno/a. 

El acceso a intervenciones de calidad en el contexto educativo tiene mucha importancia, incluso más allá de las problemáticas relacionadas con el aprendizaje, atención o conducta dentro del aula. Estas mismas parecen ser fácilmente detectables por el equipo multidisciplinar presente en la escuela (docentes, orientadores, logopedas, psicopedagogos o psicólogos). Sin embargo, existen situaciones en las que esa problemática no está relacionada directamente con el aprendizaje, conducta adecuada o normal desarrollo de obtención de objetivos a lo largo del curso. 

Se trata de Trastornos o síntomas que pueden emerger en el niño/a o adolescente como resultado de una situación familiar complicada, duelos, trastornos de la alimentación, personalidad, síndromes congénitos, problemas personales que afectan a la emocionalidad y afectividad, etc. 

¿Ansiedad y depresión en la escuela? 

La ansiedad y la depresión en un menor, pueden pasar desapercibidas por el docente y por los propios padres. Ambas interfieren de manera seria en el proceso de escolarización a nivel de aprendizaje, obtención de objetivos y conocimientos, así como en el ámbito social y de relación con el resto de compañeros. 
Según diversos estudios, la Depresión Mayor afecta al 4% de los niños escolarizados, y al 15% de los adolescentes. Por otra parte, la incidencia de la ansiedad parece afectar al 14%  de los menores.

La escuela, constituyendo un lugar de experiencia y aprendizaje colectivo, también hace o debe hacer hincapié en las necesidades individuales de cada alumno. 

La comprensión, tolerancia y buenas bases de actuación, permiten que el contexto comience a volverse terapéutico. Pueden existir ocasiones en las que la escuela parece dar la espalda a determinadas situaciones, bien por desconocimiento, o por la ausencia de síntomas evidentes que muestren que algo no va bien en el contexto personal del alumno. De ahí la importancia de que el docente sepa estar atento a aquellos signos y síntomas fácilmente observables y ante cualquier señal de alarma, permitir a la figura del psicólogo poder intervenir para hacer una adecuada valoración.

Indicadores Observables en el aula para la detección de alteraciones emocionales:

Indicadores físicos: 
        - Sudoración
        - Tensiones musculares
        - Dolores
        - Quejas somáticas
        - Sequedad en la boca
        - Nauseas
        - Tics

Indicadores Conductuales: 
        - Conductas disruptivas
        - Llanto
        - Inmovilidad
        - Peleas 
        - Gritos
        - Llamadas de atención
        - Onicofagia (morderse o comerse las uñas)
        - Conductas evitativas
        - Conductas compulsivas

Indicadores Cognitivos: 
        - Bloqueos
        - Temores
        -  Distorsiones Cognitivas
        - Pensamientos de tipo obsesivo
        - Autocrítica
        - Baja autoestima

 Estos últimos indicadores tienen un carácter más interiorizado. Cuanta más cercanía y comunicación exista con el alumno/a, más se podrán apreciar.